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El rugido de la loba en el Zócalo: 400 mil almas imponen récord histórico

Fotos Bruno Cortés

 

¡Vaya sacudida la que le dieron al corazón de la República! Lo que se vivió anoche en la Plaza de la Constitución no fue un simple concierto, fue una verdadera toma pacífica de 400 mil almas que llegaron de todos los barrios y colonias para ser testigos de la historia. La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, soltó la cifra oficial que dejó a más de uno con la boca abierta: Shakira no solo llenó el Zócalo, sino que pulverizó la marca de los 300 mil asistentes que presumían Los Fabulosos Cadillacs.

Desde las primeras horas del día, el flujo de gente por las calles de Madero y 5 de Mayo ya vaticinaba que la plancha se quedaría corta. Gracias al patrocinio de Grupo Modelo, que tiró la casa por la ventana por su centenario, la Ciudad de México se convirtió en el epicentro de un espectáculo que, a pesar de las dudas que sembraron los rumores sobre la seguridad nacional tras los eventos del 22 de febrero, transcurrió con la precisión de un reloj suizo.

La Jefa de Gobierno, Clara Brugada, se anotó un punto clave con una logística que no permitió que el entusiasmo se desbordara en caos. Con un despliegue masivo de elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana y Protección Civil, la marea humana fue canalizada de forma que el Zócalo luciera a reventar, pero siempre bajo control. No hubo «portazos» ni contratiempos, demostrando que la ciudad tiene el músculo para estos trotes.

A las 20:30 horas, el estruendo de la cuenta regresiva marcó el fin de la espera. Shakira apareció en el escenario y, de un plumazo, borró el cansancio de quienes llevaban horas bajo el sol. Con «Estoy Aquí» y «Las de la intuición», la colombiana puso a vibrar el subsuelo capitalino, recordando sus años de rock y pop que tanto calan en el gusto del respetable que creció con sus primeros discos.

Pero la noche también tuvo su dosis de modernidad y «pique». El Zócalo se transformó en una pista de baile gigante con «Te felicito» y «TQG», donde el coro de miles de gargantas se escuchó hasta las torres de la Catedral. El momento de «la piel de gallina» llegó con «Antología», cantada a una sola voz por una multitud que, por unos minutos, se olvidó de las prisas y el ajetreo diario de nuestra metrópoli.

Para aquellos que no lograron llegar al «ombligo» de la plaza, el Gobierno capitalino se puso las pilas instalando pantallas monumentales en la Alameda Central y el Monumento a la Revolución. Las arterias de 20 de Noviembre y Pino Suárez se convirtieron en extensiones de la fiesta, donde familias enteras disfrutaron del show con una visibilidad envidiable, mientras otros tantos seguían el «en vivo» por el Canal 6.

La movilidad fue otro de los pilares del éxito. Con las líneas 1, 2, 8 y 9 del Metro operando hasta la una de la mañana, el desalojo del primer cuadro fue fluido y ordenado. La aplicación de la «Ley Seca» en la zona desde las 14:00 horas fue el ingrediente final para asegurar que la única embriaguez fuera la musical, evitando así los clásicos altercados que suelen ocurrir cuando los ánimos se calientan de más.

El cierre fue un auténtico trancazo visual y sonoro. La aparición de la loba gigante y la proyección de sus «10 mandamientos» prepararon el terreno para «Loba» y la sesión con Bizarrap. El Zócalo rugió con una fuerza que pocas veces se ha visto, coreando cada verso de desamor y empoderamiento con una rabia festiva que sacudió los balcones de los edificios coloniales.

Incluso la presidenta Claudia Sheinbaum se dio tiempo de celebrar el hito en redes sociales, haciendo eco del lema de la noche: «En la Ciudad de México, las mujeres ya no lloran». Fue una jornada redonda donde la administración de Brugada demostró que, con orden y buena mano izquierda, la capital sigue siendo la joya de la corona para los eventos de talla mundial.

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