Por Octavio Rentería
Banxico reportó el 3 de agosto de 2026 que los ingresos por remesas sumaron 30 mil 759 millones de dólares entre enero y junio, un aumento de 3.1 por ciento respecto al mismo periodo de 2025. Solo en junio el flujo llegó a 5 mil 472 millones de dólares, 4.2 por ciento más, y ligó el quinto mes consecutivo de crecimiento anual.
El dato que cambia la lectura es otro. El número de operaciones en el semestre cayó 1.8 por ciento, a 75.9 millones de envíos. En cambio, la remesa promedio subió de 386 a 405 dólares, un incremento de 5 por ciento. En junio el promedio alcanzó 422 dólares, el más alto registrado en al menos una década.
Menos manos enviando, más dinero por cada transferencia. Esa es la aritmética. El crecimiento del monto total no viene de más gente mandando dinero. Viene de que quienes envían lo hacen en cantidades mayores.
Hay una tensión estadística que conviene explicar sin rodeos. La variación anual de un mes o de un semestre mide el mismo periodo del año anterior. El acumulado móvil de doce meses —julio 2025 a junio 2026— suma 63 mil 389 millones de dólares. Análisis de casas como Monex han señalado que esa medición larga acumula meses de deterioro interanual, aunque el flujo de corto plazo muestre rebotes. Las dos lecturas son correctas. Dependen del periodo que se elija.
En paralelo, tres hechos regulatorios coinciden en el calendario. Desde el 1 de enero de 2026 rige el impuesto del 1 por ciento bajo el código IRC 4475 sobre transferencias financiadas con efectivo, giro postal o cheque de caja. El 19 de mayo se firmó la orden ejecutiva Restoring Integrity to America’s Financial System, orientada a restringir el acceso de personas indocumentadas a ciertos servicios financieros. El 5 de junio FinCEN, en coordinación con el IRS, emitió una alerta que identificó sectores de riesgo elevado: agricultura, construcción, servicios domésticos, hotelería y agencias de empleo.
El 99.2 por ciento del flujo semestral llegó por transferencia electrónica. De ese total electrónico, más de la mitad se depositó en cuenta bancaria. El gravamen del 1 por ciento no aplica cuando el dinero sale de una cuenta o tarjeta; recae sobre quien paga en efectivo o con instrumentos físicos.
La hipótesis que se abre —y se marca como tal— es que la base de remitentes se está contrayendo y que quienes permanecen consolidan envíos: menos frecuencias, montos más altos. Puede responder a incertidumbre migratoria, costos de transacción o cambios en el empleo. No es conclusión. Es pregunta abierta que requiere postura de Banxico, de BBVA Research y de especialistas en migración y finanzas. Si la refutan con datos, esa también es la nota.
Para quien recibe: conviene revisar si el envío llega a cuenta o se cobra en efectivo, porque el impuesto del 1 por ciento solo grava ciertas modalidades. FINABIEN y otras opciones de bajo costo existen; el costo por operación varía y conviene compararlo.
El próximo reporte mensual de Banxico marcará si el patrón de menos operaciones y montos más altos se sostiene. Mientras tanto, el récord semestral convive con una base de envíos que se achica.
¿Menos gente enviando más dinero es señal de resiliencia o de una base que se estrecha? Esa es la pregunta que cualquier hogar receptor puede hacerse esta noche.


