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El dólar a 18 pesos en 2027: la apuesta que arriesga tu bolsillo

Hacienda proyecta tasas de 6% y un dólar en 18 pesos para 2027, pero un ligero tropiezo financiero encarecería la deuda pública en miles de millones.

Redacción Mexican Times 8 de septiembre de 2026 · 20:57 hrs Ciudad de México

Por Bruno Cortés

En las oficinas hacendarias de Palacio Nacional se trazaron las coordenadas del Paquete Económico 2027 bajo una atmósfera de marcado optimismo, pero en los despachos financieros y mesas de dinero la lectura despierta una profunda inquietud. La arquitectura fiscal que busca estabilizar las cuentas nacionales descansa sobre un escenario macroeconómico impecable, donde la inflación cede sin contratiempos, el crédito se abarata a paso veloz y la divisa mexicana resiste indemne cualquier sacudida externa. El problema radica en que, para cuadrar un déficit presupuestario a la baja y contener el saldo de las obligaciones públicas, los supuestos oficiales asumieron las condiciones más benévolas posibles.

El primer pilar de este cálculo descansa en la expectativa de que el Banco Central y los mercados financieros acelerarán el recorte del costo del dinero. La Secretaría de Hacienda y Crédito Público proyecta que la tasa de rendimiento de los Certificados de la Tesorería de la Federación (Cetes) a 28 días caerá de forma pronunciada hasta tocar el 6.0% nominal al cierre del ejercicio fiscal de 2027, alineándose con una tasa de referencia monetaria estimada en 5.5%. Semejante pronóstico permite presupuestar un costo financiero de la deuda contenido en 1 billón 575 mil millones de pesos, asumiendo que el Estado pagará rendimientos considerablemente más bajos por fondearse.

Sin embargo, basta revisar la tabla de sensibilidad elaborada por los propios técnicos hacendarios para advertir la fragilidad de este andamiaje. El documento advierte que por cada 100 puntos base —es decir, un solitario punto porcentual— que la tasa de interés se mantenga por encima de lo estimado, el costo financiero del sector público se disparará en 28,000 millones de pesos adicionales al año. Si las presiones inflacionarias globales persisten y las tasas de interés permanecen elevadas, esa pequeña diferencia abrirá un agujero inmediato en el gasto programado del gobierno.

El segundo supuesto crítico coloca al tipo de cambio en un nivel de 18.00 pesos por billete verde hacia el cierre de 2027, o en 18.60 pesos según la sección de variables de balance. Esta valuación dibuja una moneda mexicana notablemente apreciada y sólida, a pesar del ruido generado por la revisión programada del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), los potenciales aranceles comerciales y los vaivenes geopolíticos internacionales. Plantear un peso tan fuerte resulta vital en el papel, pues una paridad contenida amortigua el valor contable de los compromisos externos contratados en moneda extranjera.

La realidad de la calle, no obstante, suele ser menos indulgente que una hoja de cálculo en Excel. Armar el presupuesto nacional esperando que todos los vientos soplen a favor equivale a salir a manejar por el Viaducto en plena tormenta confiando en que ningún coche frenará de golpe y todos los semáforos se pintarán de verde. La propia simulación oficial reconoce que el Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público repuntará al 55.0% del Producto Interno Bruto, presionado tanto por el servicio de la deuda como por el impacto de la conversión cambiaria sobre las amortizaciones externas. ¿Es prudente apostar el equilibrio de todo un país a que nada saldrá mal en los mercados internacionales?

Para la economía familiar y la operación de las empresas locales, estos desvíos no se quedan en meras cifras abstractas. Cuando los supuestos macroeconómicos fallan y el servicio de la deuda se encarece, el erario se ve forzado a aplicar recortes sobre la marcha en infraestructura física, mantenimiento carretero, compras gubernamentales e insumos para el sector salud. Además, un encarecimiento imprevisto del financiamiento soberano suele arrastrar al alza los réditos bancarios comerciales, dificultando que un trabajador o un comerciante obtengan préstamos o créditos hipotecarios accesibles.

Hacia adelante, el Congreso de la Unión y los agentes económicos vigilarán de cerca si la inflación efectivamente converge a la meta puntual del 3.0% y si la Reserva Federal estadounidense permite una relajación monetaria coordinada. Si las tasas no descienden a la velocidad programada o si el tipo de cambio resiente la volatilidad externa, la administración se verá obligada a buscar recursos de emergencia o a sacrificar gasto en programas operativos para no rebasar el techo de endeudamiento autorizado.

La moneda está en el aire y el margen de error presupuestal es prácticamente nulo frente a la escala de la deuda nacional. Si una simple desviación de un punto porcentual en el mercado de dinero es capaz de arrancarle 28,000 millones de pesos al gasto social y productivo, ¿resistirán las finanzas del país el primer golpe de realidad si el peso se deprecia o si las tasas se niegan a bajar?

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