Por Ernesto Palacios Vega
El origen de los murciélagos, una de las preguntas más persistentes de la biología evolutiva, ya tiene una respuesta respaldada por genomas y fósiles: estos mamíferos voladores habrían surgido en Europa hace unos 65 millones de años. La conclusión proviene de un estudio publicado en la revista Nature por el consorcio internacional Bat1K, en el que participaron dos científicos del Instituto Politécnico Nacional (IPN), según informó la propia institución el 4 de octubre.
El trabajo es, de acuerdo con la Universidad de St Andrews, en Escocia, la mayor combinación de genomas y fósiles de murciélago reunida hasta ahora. Participaron 137 investigadores de 64 países, que compararon el material genético de 103 especies, con representantes de las 21 familias de murciélagos reconocidas actualmente, y lo cruzaron con 44 fósiles procedentes de distintas regiones del planeta.
El resultado contradice las hipótesis que durante años situaron la cuna del grupo en Asia, África o Norteamérica. Según el equipo, los primeros descendientes se dispersaron hacia África, lo que formó un eje Europa-África desde el cual los murciélagos se expandieron después hacia Asia, América y Australia. Como estos animales vuelan y cruzan continentes desde hace millones de años, los fósiles por sí solos no bastaban para resolver la duda; hizo falta combinarlos con datos genómicos y modelos computacionales avanzados.
Qué aportó México al estudio sobre el origen de los murciélagos
La participación mexicana estuvo a cargo de Jorge Ortega Reyes y Edgar Guillermo Gutiérrez González, de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas (ENCB) del IPN. Ortega Reyes, investigador del Laboratorio de Bioconservación y Manejo, fue designado responsable técnico del consorcio para México, Centroamérica y el Caribe. “Para nuestro país se recolectaron tejidos de los murciélagos endémicos y fueron secuenciados para sacar los genomas”, explicó en un comunicado del Politécnico.
Ese trabajo tiene antecedentes propios. El investigador detalló que antes desarrolló un proyecto apoyado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) para obtener el genoma de las 19 especies de murciélagos endémicos de México, información que después se integró a la plataforma de Bat1K. Gutiérrez González, por su parte, colaboró en la colecta de tejidos en Baja California, Sonora, Sinaloa y Coahuila, y los genomas obtenidos se incorporaron a la plataforma internacional, de acuerdo con el IPN.
El director general del Politécnico, Arturo Reyes Sandoval, sostuvo que los resultados aportan nuevos elementos para entender la evolución temprana de estos mamíferos y tienen relevancia para la biología evolutiva, la genómica comparada, la paleontología y la biogeografía. Para la ciencia mexicana, el dato no es menor: muestras colectadas en el norte del país forman parte de la base que permitió reescribir el árbol familiar de un grupo animal completo.
Vuelo y ecolocalización, desde el principio
Además de la ubicación geográfica, el estudio responde a otra pregunta antigua: cuándo apareció la ecolocalización, la capacidad de orientarse y cazar mediante el eco de los sonidos que emiten. El análisis colocó al fósil Vielasia, un murciélago que vivió hace unos 50 millones de años y cuya estructura ósea indica que podía ecolocalizar, dentro de la rama más antigua del árbol. Eso sugiere que la ecolocalización es anterior a la diversificación de los murciélagos modernos.
En otras palabras, las dos características que definen al grupo, el vuelo propulsado y el biosonar, se habrían establecido muy cerca de su origen, lo que ayudaría a explicar su éxito evolutivo durante los 65 millones de años siguientes. El equipo también reconstruyó el genoma del ancestro común; según la cobertura de la televisora pública canadiense CBC, los primeros murciélagos tenían 26 cromosomas y surgieron poco después de la extinción de los dinosaurios, cuando muchos mamíferos comenzaban a diversificarse.
El contexto ayuda a dimensionar el hallazgo. Hoy existen más de 1,500 especies de murciélagos, alrededor de una quinta parte de los mamíferos vivos, y cumplen funciones ecológicas clave: polinizan plantas, dispersan semillas y consumen enormes cantidades de insectos que dañan cultivos. En México, su papel en ecosistemas urbanos y rurales ha sido tema de seguimiento en este medio, como en la experiencia nocturna que la Sedema preparó en Yautlica para observarlos en la capital.
Por qué el hallazgo importa más allá de la biología
Muchas especies de murciélago viven de forma excepcional para su tamaño y muestran una resistencia poco común a enfermedades virales. La CBC recordó que algunos llegan a vivir hasta 40 años, frente a apenas un par de años de animales de talla similar, como los ratones. La directora de Bat1K, Sonja Vernes, dijo a esa cadena que los genomas, ya disponibles públicamente, podrían ayudar con el tiempo a desarrollar tratamientos inspirados en estos animales, aunque aclaró que eso no ocurrirá en el futuro inmediato.
Esa línea de investigación no es nueva y ya había dado señales, como reportamos sobre un estudio que exploró su posible relación con el cáncer y el envejecimiento. La diferencia ahora es que existe un marco evolutivo robusto para comparar genes entre familias y rastrear cuándo y cómo surgieron esas capacidades. Se trata de una base para nuevas preguntas, no de una aplicación médica lista para usarse.
Investigadores externos al consorcio también destacaron el valor del recurso para la conservación. La ecóloga Christina Davy, de la Universidad de Carleton, señaló a la CBC que saber qué familias tienen menor diversidad genética puede ayudar a priorizar su protección, algo relevante en un momento en que enfermedades como el síndrome de nariz blanca han golpeado poblaciones de Norteamérica.
Para el público, la oportunidad es acercarse a estos animales con datos y no con mitos. Quienes vivan en la capital pueden seguir actividades de divulgación como la agenda del Museo de Historia Natural, donde los murciélagos ocupan un lugar destacado. Lo que sigue, según los propios autores, es usar este mapa genómico para entender la base genética del vuelo, el biosonar, la longevidad y la resistencia a enfermedades, una tarea en la que la ciencia mexicana ya tiene un asiento.

