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Animales

¿Tener gatos nos hace más felices? Un estudio internacional encuentra una curiosa relación

Redacción Mexican Times 7 de octubre de 2026 · 17:30 hrs Ciudad de México

¿Tener un gato puede hacernos más felices? La pregunta, que seguramente ha cruzado por la mente de quienes conviven con un felino o consideran adoptar uno, acaba de encontrar una nueva pista científica. Un estudio publicado el 30 de septiembre en la revista PLOS One encontró que los países con una mayor densidad de gatos tendían a registrar niveles más altos de felicidad.

Pero la investigación también encontró una segunda relación que complica la historia: una mayor exposición a Toxoplasma gondii, un parásito cuyo ciclo de vida incluye a los gatos como huéspedes definitivos, estuvo asociada con niveles más bajos de bienestar.

El hallazgo resulta llamativo precisamente porque las dos variables relacionadas con los gatos no se comportaron de la misma manera. Los países con más felinos no fueron necesariamente aquellos con mayor exposición al parásito. Y, sobre todo, los resultados no significan que adoptar un gato vaya a hacer más feliz automáticamente a una persona.

Gatos, felicidad y un análisis que abarcó 93 países

El estudio fue encabezado por Javier I. Borráz-León, del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente Muñiz de México, y utilizó información pública de 93 países para buscar posibles relaciones entre la presencia de gatos y el bienestar de las poblaciones.

Los investigadores cruzaron diferentes indicadores, entre ellos los niveles nacionales de felicidad, el producto interno bruto por habitante, los ingresos, el gasto sanitario, la densidad de gatos y la exposición a T. gondii.

Para aproximarse a la exposición al parásito, utilizaron como indicador la seroprevalencia de anticuerpos en mujeres embarazadas, una medida que permite estimar la presencia de exposición a T. gondii en una población.

Al analizar los datos apareció una asociación positiva entre la densidad de gatos y la felicidad nacional. En otras palabras, los países que tenían más gatos en relación con su población tendían también a presentar niveles mayores de bienestar.

Sin embargo, la relación cambió cuando los investigadores analizaron la exposición al parásito. Una mayor seroprevalencia de anticuerpos IgM frente a T. gondii se relacionó con niveles menores de felicidad.

Este contraste es uno de los elementos más interesantes de la investigación, pero también uno de los motivos por los que sus resultados deben interpretarse con cautela.

La paradoja del Toxoplasma gondii

Toxoplasma gondii es un parásito ampliamente distribuido que puede infectar a numerosos animales y seres humanos. Los felinos cumplen un papel particular en su ciclo biológico, ya que son sus huéspedes definitivos y pueden eliminar formas del parásito a través de sus heces.

La investigación encontró una relación entre una mayor exposición al parásito y menores niveles de felicidad nacional. Sin embargo, los países donde había más gatos no mostraron necesariamente una mayor exposición a T. gondii. De hecho, la asociación observada apuntó en sentido contrario.

Esta aparente contradicción llevó a los investigadores a considerar otros factores que podrían estar influyendo en los resultados. Entre ellos se encuentran las condiciones socioeconómicas, la atención veterinaria y las características de la convivencia con los animales.

En sociedades con mayores ingresos y mejores servicios de salud y veterinaria, por ejemplo, los gatos podrían recibir con mayor frecuencia atención médica, permanecer en interiores y tener menos contacto con ambientes donde podrían exponerse al parásito. Al mismo tiempo, esos mismos países suelen presentar mejores indicadores de salud, ingresos y bienestar.

Por ello, resulta complicado determinar cuánto de la asociación corresponde realmente a la presencia de gatos y cuánto puede explicarse por las condiciones de vida de cada población.

China y Finlandia muestran lo complejo que es interpretar los resultados

Los propios datos muestran por qué no resulta sencillo convertir estas asociaciones en una conclusión directa. China y Finlandia ofrecen dos ejemplos distintos dentro de la muestra analizada.

De acuerdo con información difundida por PLOS, China registró una puntuación de felicidad de 5.97 frente a una media de 5.72 entre los países estudiados, aunque tenía alrededor de 376 gatos por cada 10 mil habitantes, por debajo del promedio de 989.

Finlandia presentó otro escenario. El país se ubicó como el más feliz de la muestra y, al mismo tiempo, tenía una cantidad de gatos por habitante superior a la media, según los datos citados en la información sobre el estudio.

Estos casos muestran que la densidad de gatos no puede utilizarse por sí sola para explicar las diferencias de felicidad entre países. La percepción de bienestar es resultado de numerosos factores económicos, sociales, culturales y sanitarios.

Tener un gato no garantiza ser más feliz

Uno de los puntos más importantes de la investigación es distinguir entre una correlación y una relación de causa y efecto.

Que dos variables aparezcan asociadas no significa que una sea responsable de la otra. En este caso, el estudio encontró relaciones estadísticas entre la densidad de gatos, la exposición a T. gondii y los niveles nacionales de felicidad, pero no demostró que tener más gatos provoque directamente una mayor felicidad.

Los propios autores señalan que se trata de asociaciones observadas a nivel nacional. Esto significa que los resultados describen patrones entre países y no permiten determinar qué sucede necesariamente con una persona que adopta un gato.

Por ejemplo, el estudio no demuestra que una persona que actualmente no tiene mascota vaya a experimentar un aumento de su bienestar simplemente por llevar un felino a casa. Tampoco permite concluir que las personas que viven con gatos sean necesariamente más felices que quienes no tienen animales de compañía.

Para responder esas preguntas serían necesarios otros tipos de investigaciones, especialmente estudios que siguieran a individuos durante periodos prolongados y analizaran factores como salud mental, relaciones sociales, condiciones económicas, características de la convivencia con el animal y cambios en el bienestar antes y después de adoptar.

Una investigación que pone el bienestar animal en un contexto más amplio

El interés del estudio no está únicamente en determinar si los gatos hacen felices a las personas. Su principal aportación consiste en plantear que el bienestar de las poblaciones podría estudiarse considerando una combinación más amplia de factores.

Tradicionalmente, los análisis internacionales de felicidad y calidad de vida han incorporado variables económicas, sociales y sanitarias. La investigación propone prestar también atención a factores biológicos y ecológicos, entre ellos la relación de las sociedades con los animales y determinados microorganismos.

En ese sentido, el trabajo abre una línea de investigación que puede ser explorada con estudios más detallados y datos individuales. La convivencia con mascotas puede involucrar compañía, vínculos afectivos, rutinas, actividad física y relaciones sociales, pero sus efectos pueden variar considerablemente entre personas y depender de las circunstancias en las que ocurre esa convivencia.

El propio Borráz-León, quien ha expresado su afición por los gatos y convivió durante 13 años con una gata llamada Homerita, ha señalado que los resultados no deberían utilizarse para generar temor hacia estos animales. Más bien, pueden servir como recordatorio de que tener una mascota implica responsabilidad, cuidados veterinarios y medidas adecuadas de higiene.

Así que, si alguien está pensando en adoptar un gato, este estudio no ofrece una respuesta definitiva a la pregunta de si será más feliz. Lo que sí aporta es una pieza interesante a una conversación mucho más amplia sobre la relación entre seres humanos, animales, salud y bienestar.

Por ahora, la evidencia permite hablar de una asociación entre una mayor densidad de gatos y mayores niveles de felicidad a escala nacional, pero no de una relación causal. En otras palabras, los datos son sugerentes, pero todavía no permiten afirmar que un ronroneo en casa sea, por sí mismo, una receta científica para la felicidad.

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