Por Ignacio Fuentes Salazar
La revisión del T-MEC entra en una etapa decisiva sin fecha en el calendario. México y Estados Unidos preparan la cuarta ronda bilateral de negociaciones, que el sector privado espera para este mes en Washington, y el objetivo mexicano es concreto: bajar los aranceles de la Sección 232 que pagan los automóviles, el acero y el aluminio. Lo que se logre en esa mesa definirá buena parte del clima de inversión de los próximos meses.
El contexto es inédito. El tratado entró en un esquema de revisiones anuales después de que el 1 de julio no se alcanzó su extensión automática por 16 años. Desde entonces, la negociación ya no se discute de forma integral, sino por temas, y el gobierno estadounidense lanzó incluso la convocatoria para la revisión de 2027, que empezaría en enero, aunque la de este año todavía no concluye.
Qué busca México en la revisión del T-MEC
La prioridad declarada es arancelaria. El subsecretario de Comercio Exterior, Luis Rosendo Gutiérrez, explicó a finales de septiembre que México planteará reducir a 15% el arancel a los autos, el mismo nivel que Washington aplica a Japón, Corea del Sur y la Unión Europea. Hoy, los vehículos mexicanos están sujetos a una tasa de 25%, con una exención parcial para el contenido que cumple las reglas de origen del tratado, mientras que el acero y el aluminio enfrentan gravámenes de 50%.
Funcionarios mexicanos citados por Bloomberg a inicios de octubre dijeron que ambos países trabajaban en un acuerdo que llevaría el arancel automotriz de 25% a 15%, con una tasa efectiva de entre 10% y 12% al aplicarse solo al contenido no estadounidense. México, sin embargo, busca condiciones mejores que las ofrecidas a Canadá, cuya tasa nominal de 15% podría bajar a cerca de 7% con el descuento máximo por contenido regional. Nada de eso está firmado y el resultado sigue pendiente.
Además de los aranceles, México llevó alrededor de 12 temas a la mesa, entre ellos que se respete el fallo del panel que el país ganó sobre la metodología de las reglas de origen automotrices y algunos asuntos aduaneros. Estados Unidos, por su parte, planteó 54 temas al inicio del proceso, la mayoría ya resueltos, según la Secretaría de Economía.
Lo que se queda para 2027
José Medina Mora, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, adelantó que las reglas de origen y los temas laborales ya no se discutirán este año y pasarán a la revisión de 2027. Es decir, lo más espinoso del tratado, aquello que define cuánto de un auto debe fabricarse en la región y cómo se vigilan los derechos de los trabajadores, sigue abierto para el siguiente ciclo.
El secretario de Economía, Marcelo Ebrard, ha insistido en que la conversación con Washington es técnica y no se ha contaminado con temas políticos, y en que se reúne cada semana con sus contrapartes. Pero también advirtió que Estados Unidos prepara lo que describió como un sistema diferente de comercio, cuyos rasgos específicos todavía no están claros y que podría aplicarse antes de que termine el año o a inicios de 2027. Esa incertidumbre afecta a México de forma indirecta, porque lo que importa es la posición relativa frente a otros competidores.
Por qué importa para la economía
La industria automotriz emplea a unas 800,000 personas en México y la gran mayoría de los vehículos que se fabrican en el país se exportan a Estados Unidos, que además tiene a México como su mayor proveedor de autopartes. Por eso cualquier punto porcentual de arancel se traduce en decisiones de producción, empleo e inversión. En septiembre, por ejemplo, las exportaciones de autos cayeron 12%, una señal de la presión que ya enfrenta el sector.
El tono de la relación ha sido, hasta ahora, menos accidentado que el de Canadá. Desde que Trump descartó la salida de Estados Unidos del tratado y en contraste con los aranceles de hasta 50% que Washington impuso a productos de Canadá, el sector privado mexicano ha respaldado la estrategia de diálogo de la presidenta Claudia Sheinbaum. Sin embargo, metas previas como el arancel efectivo con el que Economía quería llegar a septiembre muestran que los tiempos de Washington no siempre coinciden con los de México.
La lectura de fondo es que México negocia un acuerdo interino para ganar estabilidad, no una solución definitiva. Si la cuarta ronda consigue una rebaja arancelaria clara para autos y acero, el país tendría una ventaja frente a sus competidores asiáticos y europeos; si se posterga, la incertidumbre seguirá pesando sobre el peso, la inversión y el empleo manufacturero mientras se acerca la revisión de 2027.


