El queso suele reconocerse por su contenido de calcio y proteínas, nutrientes importantes para la salud ósea y el mantenimiento de los músculos. Sin embargo, algunas variedades también pueden aportar microorganismos vivos que participan en la alimentación y que podrían contribuir al equilibrio de la microbiota intestinal.
Una revisión publicada por Verywell Health, con información de la dietista registrada Allison Herries, destaca seis variedades que pueden formar parte de una alimentación orientada al bienestar digestivo: queso suizo, provolone, gouda, mozzarella fresca, Parmigiano Reggiano y cottage.
No obstante, existe una diferencia importante entre consumir queso fermentado y obtener probióticos a través de él. Aunque muchos quesos se elaboran con cultivos bacterianos, no todos conservan microorganismos vivos en el producto final. La maduración, los tratamientos térmicos y otros procesos industriales pueden modificar su presencia y cantidad.
Por ello, elegir un queso por sus posibles beneficios para el intestino requiere revisar tanto el tipo de producto como su información nutricional. Además, sus efectos dependen de la alimentación general, las cantidades consumidas y las características individuales.
¿Cómo puede beneficiar el queso a la microbiota intestinal?
La microbiota intestinal es el conjunto de microorganismos que habitan en el aparato digestivo. Estas comunidades participan en procesos como la fermentación de ciertos componentes de los alimentos, la función de la barrera intestinal y la interacción con el sistema inmunitario.
Los probióticos son microorganismos vivos que, cuando se consumen en cantidades adecuadas y cuentan con evidencia específica, pueden proporcionar beneficios para la salud. Algunos alimentos fermentados contienen bacterias vivas, pero no todos los microorganismos presentes en ellos cumplen necesariamente con la definición de probiótico.
En los quesos, la presencia de bacterias depende de los cultivos utilizados durante la elaboración y de las condiciones a las que se somete el producto después de la fermentación. Un queso puede haber sido fermentado y, aun así, no conservar microorganismos vivos en cantidades relevantes al llegar al consumidor.
Por eso, conviene buscar en el envase indicaciones como “cultivos vivos” o “cultivos activos”, cuando estén disponibles. También es importante recordar que los quesos aportan nutrientes, pero no sustituyen una alimentación variada que incluya frutas, verduras, legumbres y cereales integrales, fuentes de fibra que ayudan a alimentar a determinados microorganismos intestinales.
1. Queso suizo: cultivos bacterianos y proteínas
El queso suizo se elabora con cultivos bacterianos y pasa por un proceso de maduración que contribuye a desarrollar su sabor y textura. Algunas presentaciones pueden conservar microorganismos vivos, aunque esto depende de las condiciones de fabricación.
Esta variedad también aporta proteínas y calcio, mientras que ciertas versiones contienen menos sodio que otros quesos curados. Sin embargo, las cantidades varían entre productos, por lo que es recomendable comparar sus etiquetas antes de elegir.
Su sabor suave facilita incorporarlo a sándwiches, ensaladas, tortillas y preparaciones calientes. Como ocurre con otros quesos, la porción debe ajustarse a las necesidades de cada persona, especialmente cuando se requiere moderar el consumo de sodio o grasas saturadas.
2. Provolone: un queso madurado que aporta nutrientes
El provolone es un queso de origen italiano que pasa por un proceso de fermentación y maduración. Dependiendo de su elaboración y conservación, puede contener bacterias vivas, aunque no todas las presentaciones garantizan un aporte probiótico.
También proporciona proteínas y calcio, nutrientes necesarios para el mantenimiento de los tejidos y la salud de los huesos. Su composición nutricional puede variar según el grado de maduración y la formulación del producto.
Se puede consumir en pequeñas porciones como parte de una comida o utilizar en preparaciones con verduras. Para aprovechar sus aportes sin excederse en calorías, sodio o grasas saturadas, conviene prestar atención al tamaño de la ración y a la frecuencia de consumo.
3. Gouda: la maduración no garantiza probióticos
El gouda es otro queso que se obtiene mediante fermentación y maduración. Algunas versiones pueden conservar microorganismos de interés, pero no es posible asumir que todos los productos de esta variedad contienen probióticos vivos.
Su aporte de proteínas y calcio lo convierte en una opción para complementar diferentes comidas. Sin embargo, ciertas presentaciones pueden contener cantidades considerables de sodio y grasas saturadas, por lo que revisar la información nutricional ayuda a tomar una decisión acorde con las necesidades individuales.
Puede combinarse con frutas, nueces o pan integral para preparar una colación. La inclusión de alimentos ricos en fibra también contribuye a que la dieta sea más diversa, algo importante para el bienestar intestinal.
4. Mozzarella fresca: proteínas y calcio
La mozzarella fresca, habitualmente elaborada con leche de vaca, destaca por su textura suave y su versatilidad en la cocina. Aporta proteínas y calcio, aunque su contenido de grasa, sodio y otros nutrientes depende de la presentación.
Algunas variedades pueden conservar cultivos vivos, pero la apariencia fresca del producto no basta para confirmar que contiene probióticos. La etiqueta y la información proporcionada por el fabricante son referencias más útiles para conocer sus características.
Una manera sencilla de incorporarla a la alimentación es combinarla con tomate, hojas verdes y aceite de oliva. Si se acompaña con verduras, legumbres o cereales integrales, la comida también puede aportar fibra, un componente relevante para el funcionamiento intestinal.
5. Parmigiano Reggiano: un queso de larga maduración y bajo contenido de lactosa
El Parmigiano Reggiano auténtico se caracteriza por su prolongado proceso de maduración, durante el cual se modifican distintos componentes de la leche. Como resultado, su contenido de lactosa es muy bajo, una característica que puede facilitar su tolerancia para algunas personas con intolerancia a este azúcar.
El queso también aporta proteínas y calcio. Aunque se han estudiado microorganismos presentes en algunos quesos madurados, no debe asumirse que cualquier pieza conserva probióticos en cantidades capaces de producir un beneficio clínico.
Su sabor intenso permite utilizar pequeñas cantidades para complementar pastas, ensaladas, verduras y sopas. Esto puede ayudar a disfrutarlo sin añadir grandes porciones, algo relevante porque también contiene sodio y grasas saturadas.
Es importante distinguir el queso auténtico de los productos rallados o preparados que se comercializan con otros ingredientes, ya que su composición puede ser diferente.
Además, una baja cantidad de lactosa no significa que el producto sea seguro para las personas con alergia a las proteínas de la leche. La intolerancia a la lactosa y la alergia a los lácteos son condiciones distintas.
6. Queso cottage: proteínas y cultivos activos en algunas presentaciones
El cottage es un queso fresco de textura granulada que suele destacar por su aporte de proteínas y por tener menos calorías por porción que muchas variedades curadas. Su composición cambia según la cantidad de grasa de la leche utilizada y los ingredientes añadidos.
Algunas versiones contienen cultivos vivos y activos, mientras que otras no ofrecen ese aporte. Por eso, quienes buscan un producto con microorganismos vivos deben revisar cuidadosamente el etiquetado y no confiar únicamente en el nombre del queso.
El cottage también puede aportar calcio y selenio, un mineral que participa en distintas funciones del organismo. Se puede combinar con frutas frescas, avena o semillas para preparar un desayuno, o acompañar con verduras para una colación salada.
Aunque su contenido proteico puede contribuir a la saciedad, ningún queso por sí solo garantiza el control del peso ni el equilibrio de la microbiota.
Cómo elegir queso para cuidar la salud intestinal
La clave no está en consumir una variedad específica todos los días, sino en elegir productos adecuados para las necesidades individuales e integrarlos en una alimentación variada. Cuando el objetivo es obtener microorganismos vivos, conviene comprobar si el fabricante declara cultivos activos y si el producto recibe algún tratamiento posterior que pueda eliminarlos.
También es útil comparar el contenido de sodio, grasas saturadas y proteínas. Dos quesos de la misma variedad pueden tener composiciones diferentes, por lo que la información nutricional ofrece una referencia más precisa que las afirmaciones generales sobre sus beneficios.
Otro aspecto fundamental es acompañar el queso con alimentos ricos en fibra, como verduras, frutas, legumbres y cereales integrales. Estos aportan componentes que determinados microorganismos intestinales utilizan y ayudan a diversificar la alimentación.
Finalmente, los quesos fermentados no sustituyen tratamientos médicos ni garantizan una mejor salud digestiva. Sus posibles efectos dependen del producto y de los microorganismos presentes, mientras que el bienestar intestinal está relacionado con múltiples factores, entre ellos la dieta, la actividad física, el descanso y las condiciones de salud de cada persona.


