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Hallan en Turquía un naufragio de hace 4,700 años que podría ser el más antiguo del mundo

Redacción Mexican Times 14 de octubre de 2026 · 18:00 hrs Ciudad de México

Un equipo de arqueólogos descubrió frente a las costas del sur de Turquía los restos de un barco que se hundió hace aproximadamente 4,700 años. El hallazgo, ubicado cerca de la isla de Kekova, podría corresponder al naufragio más antiguo del mundo identificado hasta ahora, de acuerdo con los investigadores que estudian sus vestigios.

La embarcación se encuentra a unos 30 metros de profundidad y conserva varios recipientes antiguos de almacenamiento conocidos como ánforas. Estas piezas, cuya antigüedad se estima entre 4,400 y 4,700 años, ofrecen nuevas pistas sobre la navegación, las actividades de los marineros y las conexiones comerciales que existían en el Mediterráneo oriental durante la Edad del Bronce.

Las excavaciones fueron dirigidas por Hakan Öniz, profesor de la Universidad de Akdeniz, en Antalya. El investigador explicó que el sitio fue localizado por primera vez hace cuatro años, aunque inicialmente se pensó que los recipientes eran mucho más recientes.

La antigüedad del naufragio comenzó a esclarecerse cuando Öniz encontró una publicación sobre ánforas descubiertas cerca de las pirámides de Giza, en Egipto. Las similitudes entre esas piezas y las recuperadas en Turquía llevaron al equipo a reconsiderar la fecha del hundimiento y a realizar nuevas inmersiones para examinar los restos.

Posteriormente, los investigadores convocaron a la arqueóloga australiana Karin Sowada, especialista en ánforas, para que examinara las evidencias. Tras comparar las piezas y analizar otros objetos encontrados en el sitio, el equipo llegó a un consenso sobre su antigüedad.

Öniz señaló que los recipientes no son la única evidencia que respalda la datación. Las anclas y otros artefactos recuperados también apuntan a una época similar, por lo que los investigadores consideran que el conjunto podría representar el naufragio más antiguo conocido. No obstante, la afirmación depende de los estudios arqueológicos y de la comparación con otros hallazgos marítimos.

Ánforas que podrían revelar qué transportaban los marineros

Las ánforas eran recipientes ampliamente utilizados en la Antigüedad para almacenar y trasladar productos. Por su forma y características, se cree que muchas de las recuperadas en el naufragio pudieron servir para transportar aceite de oliva o vino, mercancías importantes para las comunidades del Mediterráneo.

Sin embargo, una de las piezas llamó especialmente la atención de los arqueólogos debido a sus marcas distintivas y a la presencia de dos agujeros en el cuerpo. Estas características abrieron la posibilidad de que el recipiente tuviera un uso diferente al almacenamiento convencional y se empleara para elaborar queso o mantequilla.

A partir de esta hipótesis, los investigadores plantearon que los marineros podrían haber llevado cabras a bordo y aprovechado su leche para preparar productos lácteos durante el viaje. Se trata de una interpretación que requiere más análisis, pero que ofrece una perspectiva sobre las posibles necesidades alimentarias y las prácticas cotidianas de quienes navegaban hace miles de años.

El estudio de este tipo de objetos permite a los arqueólogos ir más allá de la identificación de mercancías. Las características de los recipientes también pueden ayudar a reconstruir cómo se almacenaban los alimentos, qué productos formaban parte de la vida diaria y qué recursos podían utilizarse durante las travesías.

Las rutas comerciales del Mediterráneo oriental

El ministro de Cultura y Turismo de Turquía, Mehmet Nuri Ersoy, informó que los análisis de la arcilla indican que las ánforas probablemente fueron fabricadas en talleres del valle del Jordán. Esta pista resulta relevante porque vincula el origen de los objetos con regiones alejadas del lugar donde finalmente fueron encontrados.

Además, se han identificado recipientes similares en Egipto, Troya y Creta. La presencia de piezas comparables en distintos puntos geográficos ayuda a los especialistas a reconstruir los contactos entre comunidades y a comprender cómo circulaban las mercancías mediante rutas terrestres y marítimas.

De acuerdo con Ersoy, estos hallazgos aportan información importante sobre las redes comerciales que conectaban diversas regiones del Mediterráneo oriental. La distribución de las ánforas sugiere que los productos y las técnicas de fabricación podían desplazarse entre comunidades, incluso antes de que existieran los sistemas comerciales documentados de épocas posteriores.

Los investigadores consideran que el barco pudo haber iniciado su recorrido en la costa levantina, una franja del Mediterráneo oriental que se extiende desde el norte de la región hasta Egipto. Entre sus posibles destinos estaban Troya o Creta, aunque todavía no se ha establecido con certeza cuál era el itinerario de la embarcación cuando se hundió.

Un hallazgo para reconstruir la navegación antigua

La importancia del naufragio radica tanto en su antigüedad como en la posibilidad de estudiar varios tipos de evidencias en un mismo sitio. Las ánforas, las anclas y los demás objetos recuperados permiten contrastar información sobre la fabricación de herramientas, el transporte de mercancías y las prácticas de navegación.

A diferencia de los asentamientos terrestres, los naufragios pueden conservar conjuntos de objetos que quedaron reunidos en el momento del hundimiento. Su análisis ayuda a identificar qué transportaba una embarcación, de dónde pudieron proceder sus mercancías y qué vínculos mantenían las comunidades que participaban en el intercambio.

Si los estudios posteriores confirman la datación propuesta, el sitio de Kekova podría ampliar el conocimiento sobre la navegación en una etapa muy temprana de la historia marítima. También contribuiría a entender cómo las rutas del Mediterráneo oriental conectaban territorios distantes y favorecían el intercambio de productos, conocimientos y costumbres.

Por ahora, los investigadores continúan examinando las evidencias para precisar la cronología y el contexto del hundimiento. El hallazgo ofrece una ventana a la vida de los antiguos navegantes y a las redes que unían distintas sociedades hace casi cinco milenios.

 

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