Por Anabel Beltrán
Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo dice que el acuerdo comercial con Estados Unidos está “muy cerca”, el mensaje tiene dos lecturas. Por un lado, transmite optimismo a una industria exportadora presionada por los aranceles. Por otro, deja claro que aún no hay borrador final y que persisten diferencias. Entender ese matiz es clave para dimensionar lo que está en juego.
La mandataria se refirió al tema en la conferencia matutina del 20 de octubre en Palacio Nacional, según El Universal, La Jornada y Excélsior.
El objetivo mexicano, en palabras de la presidenta
“Ya estamos muy cerca, todavía hay algunos temas. ¿Cuál es nuestro objetivo? Reducir al máximo los aranceles que pesan hoy sobre vehículos y acero y aluminio y que no haya más aranceles, ese es nuestro objetivo”, dijo, según El Universal.
La meta tiene dos componentes: bajar los gravámenes existentes y evitar que se impongan nuevos. El segundo punto es tan relevante como el primero, porque busca certidumbre a futuro.
Cómo se está negociando
Sheinbaum describió una dinámica de propuestas y contrapartidas: “Estados Unidos nos plantea propuestas. ‘Se puede reducir en tanto el arancel y solicitamos de México a, b, c, d, e’. En ese tema todavía hay temas que no acabamos de resolver, porque queremos lo mejor para México”.
Esta descripción sugiere que cada reducción arancelaria viene acompañada de solicitudes a México, cuyo contenido no se ha revelado. La presidenta reconoció la “buena actitud” del área de Comercio, la oficina de tratados comerciales y el embajador estadounidense, según Excélsior, pero evitó dar un porcentaje de avance: “Es difícil ponerle un porcentaje […] todavía hay temas en los que no nos ponemos de acuerdo y seguimos en la mesa”.
Las líneas rojas
El gobierno fijó dos límites explícitos para cualquier concesión:
- Nada que esté fuera de la Constitución o de las leyes mexicanas
- Nada que se sepa que afectará a la economía nacional o al número de empleos
A ello se suman los cuatro principios que, según la presidenta, enmarcan todos los acuerdos con Washington: defensa de la soberanía, integridad territorial, confianza mutua y coordinación sin subordinación.
Por qué autos, acero y aluminio
La selección de sectores no es casual. La industria automotriz es uno de los motores de la economía mexicana y el principal rubro de exportación hacia Estados Unidos. Los aranceles a vehículos que no cumplen ciertas condiciones, junto con los gravámenes al acero y al aluminio, han presionado a armadoras, autopartistas y siderúrgicas instaladas en el país.
El impacto tiene geografía: el norte y el Bajío concentran la manufactura de exportación, por lo que un alivio arancelario se traduciría en mayor certidumbre para la inversión y el empleo en esas regiones. Las cámaras empresariales han pedido reiteradamente que el acuerdo se concrete pronto.
El contexto del T-MEC
Las conversaciones se inscriben en el marco del T-MEC, cuya revisión ha dominado la agenda bilateral en 2026. El gobierno ha buscado separar lo comercial de otros temas de tensión, como seguridad y migración, aunque en la práctica esos frentes se han cruzado. Esa interacción es un factor de incertidumbre para el cierre.
La señal de los mercados
El optimismo coincidió con una jornada de relativa estabilidad del peso, que se cotizó entre 18.41 y 18.45 unidades por dólar en el mercado interbancario, según Excélsior y Ámbito. Los analistas suelen ver cualquier avance comercial bilateral como un apoyo para la moneda.
Lo que falta saber
No hay fecha para la firma o el anuncio del acuerdo, ni se conoce el contenido de las propuestas intercambiadas; ni la Secretaría de Economía ni el gobierno estadounidense lo han revelado. Se prevé que Economía informe sobre los avances en los próximos días, mientras los equipos siguen en la mesa para cerrar los temas pendientes.


