Seguramente te ha pasado: terminas de disfrutar unos buenos tacos al pastor, una torta o ese guiso casero que tanto te gusta y, de repente, una pesadez irresistible invade tus párpados. Tu energía se desploma y lo único que deseas es una hamaca o un sofá.
En México le llamamos cariñosamente «el mal del puerco», pero en el mundo científico este fenómeno tiene un nombre menos pintoresco: somnolencia postprandial.
¿Qué ocurre realmente en tu cuerpo después de comer? Aquí te explicamos la ciencia detrás del sueño y cómo puedes ganarle la batalla a la modorra.
¿Por qué ocurre? No es solo «la sangre en el estómago»
Existe un mito común que dice que nos da sueño porque toda la sangre se va al sistema digestivo, dejando al cerebro «sin oxígeno». Esto es falso. El cuerpo es mucho más eficiente y mantiene siempre el flujo sanguíneo necesario en el cerebro.
La verdadera razón es un cóctel químico y hormonal:
1. El festín de la glucosa y la insulina
Cuando comes carbohidratos o azúcares, tus niveles de glucosa en sangre aumentan. Para procesarla, el páncreas libera insulina. Esta hormona no solo transporta la glucosa a las células, sino que también facilita la entrada de un aminoácido llamado triptófano al cerebro.
2. La ruta de la felicidad (y el sueño)
Una vez en el cerebro, el triptófano se convierte en serotonina (la hormona del bienestar) y, posteriormente, en melatonina (la hormona del sueño). Básicamente, tu cuerpo fabrica un sedante natural a partir de lo que acabas de ingerir.
3. El sistema nervioso «descansa y digiere»
Después de comer, se activa el sistema nervioso parasimpático, encargado de los procesos de relajación y digestión. Al mismo tiempo, se inhiben las orexinas, que son las neuronas encargadas de mantenernos alerta y despiertos.
Los «culpables» habituales: ¿Qué alimentos lo provocan?
No todas las comidas causan el mismo efecto. El mal del puerco es más intenso cuando consumimos:
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Carbohidratos refinados: Pan blanco, tortillas en exceso, pastas y arroz.
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Azúcares: Refrescos, postres o jugos.
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Grasas saturadas: Alimentos fritos o excesivamente grasosos (como esos deliciosos tacos con exceso de aceite).
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Triptófano: Presente en el pavo, leche, huevo y frutos secos.
Cómo evitar el «Mal del Puerco» (sin dejar de comer rico)
Si tienes una reunión importante o tienes que volver a trabajar después del almuerzo, sigue estos consejos para mantenerte alerta:
Un último dato curioso
Si de plano no puedes evitarlo, una «power nap» o siesta corta de no más de 20 minutos puede ser tu mejor aliada. Más tiempo podría hacer que caigas en un sueño profundo, despertando aún más aturdido (un fenómeno llamado inercia del sueño).
¿Sueles sufrir mucho por este bajón de energía? Si quieres, puedo ayudarte a planear un menú de almuerzo equilibrado para tu semana que te ayude a mantener la energía alta.











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