Por Bruno Cortés
El famoso personaje de Rodrigo de la Sierra se instala en el Palacio Legislativo; el líder de la Jucopo apuesta por «humanizar la política» a través del arte urbano.
¡Vaya contraste el que amaneció hoy en San Lázaro! Entre el ir y venir de trajes sastres, iniciativas y el café de las diez, un invitado de bronce y resina se robó la cámara. Ricardo Monreal Ávila, presidente de la Junta de Coordinación Política (Jucopo), inauguró este miércoles la exposición escultórica de «Timo» —ese entrañable hombrecito de Rodrigo de la Sierra—, convirtiendo la plaza central del recinto en un espejo irónico de la vida cotidiana de los mexicanos.
La cita fue puntual, cosa rara en la política, pero se agradece. Monreal, con el colmillo que le dan los años, recibió al escultor Rodrigo de la Sierra no solo como un artista, sino como un cronista visual de la ciudad. Y es que meter a «Timo» —o Timoteo, para los cuates— en la Cámara de Diputados tiene su jiribilla: ahí estaba el personaje, a veces cargando el mundo, a veces trepado en una escalera al infinito, mirando de reojo a quienes hacen las leyes.
«El arte no es adorno, es conciencia», soltó el legislador zacatecano durante el corte de listón, rodeado de diputados de todas las bancadas que, por un rato, dejaron el pleito para tomarse la selfie con las esculturas. Monreal destacó que abrir el Espacio Cultural San Lázaro a expresiones tan urbanas es un intento por quitarle lo almidonado al recinto y recordar que, afuera de esas rejas, hay millones de «Timos» lidiando con la burocracia, el dinero y el tiempo.
Para los que no ubican al personaje, «Timo» es ese «Godínez» universal, medio panzón y sin rostro definido, que representa al ciudadano de a pie. Verlo ahí, en el corazón del Poder Legislativo, fue un guiño espectacular. Rodrigo de la Sierra, visiblemente emocionado, agradeció el espacio y comentó que su obra busca justamente eso: la empatía. «Timo no juzga, solo vive», dijo el artista, mientras señalaba una pieza donde el personaje parece hacer equilibrio sobre una moneda, una escena que a más de un diputado le debió caer como pedrada.
El recorrido fue un agasajo. Monreal y De la Sierra caminaron entre las piezas monumentales colocadas en la explanada principal. Se escucharon risas y murmullos cuando pasaron frente a una escultura de Timo sentado, esperando… una imagen que bien podría titularse «Trámite en Ventanilla Única». La atmósfera se sintió relajada, lejos de la tensión habitual de los debates parlamentarios, demostrando que el arte tiene esa maña de suavizar hasta al político más encopetado.
No faltó el comentario de pasillo, ese que le da sabor al caldo. Algunos asesores bromeaban con que «Timo» debería tener curul, pues representa mejor al pueblo que muchos que cobran ahí. Pero fuera de chascarrillos, la exposición es un acierto cultural. En un lugar donde todo es discurso y palabra, el silencio elocuente de estas esculturas grita verdades que a veces se nos pasan de noche.
La muestra forma parte de la estrategia de la Jucopo para ciudadanizar el Congreso. Y hay que decirlo: funciona. Ver a trabajadores de limpieza, secretarias y legisladores conviviendo alrededor de una obra de arte rompe las jerarquías, aunque sea por unos minutos. Monreal sabe que la cultura es un puente seguro cuando la política se traba, y hoy cruzó ese puente con el pie derecho.
Para la banda que anda por la zona de Congreso de la Unión, la exposición es un respiro visual necesario. Las piezas estarán exhibidas por una temporada corta, así que vale la pena asomarse. No todos los días se ve a un personaje tan humano y tan chilango plantándole cara a la solemnidad de San Lázaro.
Cerramos la nota con una reflexión: ojalá que la presencia de «Timo» inspire un poquito más de humanidad en las sesiones que vienen. Porque al final del día, diputados o ciudadanos, todos andamos cargando nuestras propias piedras, buscando el equilibrio para no caer.
















Sé el primero en comentar