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La comunicación política digital hoy: vista por un reportero

La comunicación política digital hoy: vista por un reportero
Para mi amigo Eko, Héctor de la Garza, por que recupere su salud pronto
Por José Sobrevilla
¿Qué es la comunicación política? Sin duda el término se ha convertido en clasista porque se oye más entre intelectuales, académicos, y muy pocos ‘profesionales’ del ejercicio público. Su importancia radica porque no solo es lo que diario desayunamos, comemos y cenamos los habitantes, y nunca nos detenemos a reflexionar; aunque sin duda es la forma en que los especialistas nos suministran procesos, estrategias y mensajes, para que los “actores políticos” interactúen con la sociedad e influir en las opiniones, actitudes y comportamientos. Podemos decir que es el puente entre gobernantes, partidos, medios de comunicación y ciudadanía. Aquí, sin duda, amable lector, se imaginará que, si la comunicación política es la digestión de la sociedad, su defecación, seguramente será el voto popular, hablando escatológicamente.
De aquí derivan varios otros conceptos que hacen que la digestión social, en vísperas de elecciones, cobre importancia. Los “actores” serán siempre gobiernos, partidos, líderes políticos, medios y ciudadanía; los discursos, campañas, propaganda, debates, etcétera, los mensajes. Los canales: medios tradicionales (prensa, radio y TV) y digitales (redes sociales, plataformas, et all); y los objetivos: informar (con trampas y/o sin ellas), persuadir (usando las técnicas especializadas para influir en el electorado); legitimar (para que sepan por qué tienen que votar por ellos, o por qué están en esos cargos), y movilizarlos.
Todo este coctel nos lleva a otro término: la “democracia”, que ha sido tan manoseada, como una meretriz de cualquier calle; pero que hoy no quiero abordar en cómo ha sido concebida por los distintos grupos que vociferan de ella; pero sí puedo decir que, hoy día, la comunicación política no está limitada a discursos oficiales o campañas electorales como antes. Hoy, las redes sociales que un presidente ‘cuatrotero´ bendijo porque le ayudaron a transformar el panorama a su favor, permitiendo que los líderes interactuaran directamente con la ciudadanía, generando también riesgos como la desinformación y polarización.
Hoy, la comunicación política mundial es un fenómeno transformado profundamente por las redes sociales, donde el flujo vertical de mensajes desde líderes a ciudadanos, se ha convertido en un ecosistema interactivo, inmediato y global, donde la información circula en tiempo real y la opinión pública se moldea en plataformas sociodigitales.
Me explico: la interactividad es que los ciudadanos no solo reciben mensajes, (bien o mal) también los producen, comentan y viralizan. La velocidad y alcance de un discurso, meme o video, puede llegar a millones en segundos; la personalización la hacen los algoritmos al segmentar las audiencias, permitiendo mensajes dirigidos a nichos específicos, con una horizontalidad que la comunicación política no depende ya solo de medios tradicionales, sino que cualquier usuario puede convertirse en emisor influyente.
En la política actual, la ventaja de las redes sociales es que son el acceso directo para que líderes hablen sin intermediarios, generando cercanía con la ciudadanía, motivando su participación, facilitando debates, organizando movimientos sociales y presión política, lo que lleva a una visibilidad global, porque un tema local se puede convertir en tendencia mundial en horas.
Esto lleva riesgos y desafíos; uno, la desinformación, que impactaría con noticias falsas y manipulación de narrativas, afectando la confianza democrática. Mientras que la polarización (otro término clasista) viene porque el algoritmo prioriza ciertos contenidos generando conflicto, e intensificando las divisiones sociales, haciendo que el anonimato y la viralidad, fomenten discursos de odio y ataques personales, mientras invisibiliza otros (mi caso); lo contrario: Los periodistas.
Ejemplos globales han sido y siguen siendo las campañas electorales en Estados Unidos, Brasil o México, donde las redes sociales son eje central de estrategias políticas; y movimientos sociales, protestas, como #MeToo o BlackLivesMatter muestran cómo la comunicación política digital trasciende fronteras, generando gobiernos digitales, en los que TikTok o “X” (Twitter) han sido los canales oficiales de comunicación.
Sobra decir que, en la era digital, la comunicación política mundial podrá ser la más democrática en acceso, pero la más vulnerable en calidad; porque las redes sociales, sin la bendición ‘macuspánica’, ha abierto espacio para que la ciudadanía participe activamente, pero también para que la manipulación y la polarización erosionen la confianza en las instituciones. El reto actual será profesionalizar la comunicación política digital, regulando excesos y fomentando un uso ético de las plataformas.
Para más no aburrirlo, solo diré que, los algoritmos de TikTok y YouTube han convertido la comunicación política en terreno altamente segmentado y emocional, donde la visibilidad depende menos del mensaje en sí, y más de cómo se adapta al formato y dinámica de cada plataforma. Por ello la frase del columnista Raymundo Riva Palacio, padre del periodismo ficción, es contundente: “La verdad es irrelevante”. No es secreto que TikTok beneficia contenidos breves, visuales y con alto potencial de interacción, donde los candidatos y partidos logran generar engagement mediante humor, cercanía o storytelling con más posibilidades de aparecer en los “For You Page” de millones de usuarios. Y, YouTube premia la retención de audiencia y la constancia; así, los discursos largos se transforman en análisis, entrevistas o formatos híbridos que buscan mantener al espectador conectado el mayor tiempo posible; mientras que en “X” y otras redes, los algoritmos priorizan la viralidad y la polarización, amplificando mensajes que generan debate o controversia.

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