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La guerra que viene

 

Los Demonios del Poder

La guerra que viene

Por: Carlos Lara Moreno

 

La muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como “El Mencho”, no es el final de una historia: es el principio de otra. Para Claudia Sheinbaum Pardo, presidenta de México, el desafío está por comenzar. El líder del Cártel Jalisco Nueva Generación cayó, y ahora lo que inicia es la disputa por el poder criminal. Y en ese terreno, la violencia no habrá de disminuir.

Los narcobloqueos del domingo no fueron una reacción improvisada. Fueron un mensaje. El CJNG mostró músculo, capacidad logística y una red territorial que no depende de un solo hombre. Vehículos incendiados, ciudades paralizadas y fuerzas estatales rebasadas durante horas. El Estado ganó la batalla simbólica al golpear a su objetivo principal, pero el crimen organizado dejó claro que gobierna en el país.

Para Sheinbaum, el reto es doble y mayúsculo. Primero, consolidar la narrativa de que la estrategia de seguridad funciona. Segundo, evitar que la fractura interna del cártel derive en una espiral de violencia nacional. En ese tablero, Omar García Harfuch se vuelve pieza clave. Su enfoque más operativo, menos discursivo, ha marcado una diferencia visible centrada en la inteligencia, golpes quirúrgicos, captura de objetivos prioritarios. Podríamos decir que hay resultados.

Pero no se puede ignorar otro factor clave: Estados Unidos. La reciente aprobación para el ingreso de militares estadounidenses a territorio mexicano abre preguntas inevitables. ¿Se trata solo de capacitación? ¿O estamos frente a un esquema más profundo de intercambio de inteligencia y coordinación táctica?.

Lo cierto es que la realidad de México cambió. La política de “abrazos, no balazos” quedó atrás. Hoy el mensaje es distinto, ya que el Estado respondió con fuerza. Eso implica costos. Si el gobierno golpea estructuras criminales de alto nivel, la reacción será proporcional. En ese contexto, la seguridad personal de la presidenta deberá reforzarse.

Sin embargo, también hay un ángulo político inevitable. La 4T recibió críticas severas por la expansión territorial de los cárteles durante el sexenio anterior. Hoy, Sheinbaum parece marcar una distancia. Sin romper con su origen político, pero sí ajustando el método. Menos retórica moral, más operación. Menos paciencia pública, más presión institucional.

La pregunta de fondo es si este giro será sostenible. Si la muerte de “El Mencho” desata una guerra interna, el país entrará en una etapa delicada. Si, en cambio, el Estado logra contener la fragmentación, podría consolidarse una nueva etapa en la política de seguridad mexicana.

Ante este panorama, los Demonios del Poder no descansan.

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