Por Bruno Cortés
¡Vaya polvareda que se levantó en el norte y que ya se siente hasta acá en la capital! Resulta que al exsecretario de Gobernación, Adán Augusto López, se le hizo fácil soltar la lengua y dar por hecho que la senadora Andrea Chávez será la próxima mandamás en Chihuahua. Pero no contaba con que Cruz Pérez Cuéllar, el mero mero de Ciudad Juárez, saltaría de inmediato para pararle el carro y recordarle que, en la tierra de los burritos y el desierto, los de fuera no dictan las reglas.
La bronca estalló cuando el ahora senador Adán Augusto, con toda la seguridad del mundo, aseguró que el camino está trazado para que Chávez sea la candidata de Morena a la gubernatura. Estas palabras cayeron como balde de agua fría en la entidad, donde las facciones internas del partido ya andan con los guantes puestos de cara a los próximos procesos electorales. El mensaje fue claro: para el tabasqueño, la suerte ya está echada.
Sin embargo, Pérez Cuéllar no se quedó de brazos cruzados y, con un tono muy norteño pero respetuoso, le reviró el golpe de volada. El alcalde juarense soltó una frase que ya anda retumbando en todo el país: “En Chihuahua mandamos los chihuahuenses”. Con esto, dejó en claro que no van a permitir que desde las cómodas oficinas de la CDMX les quieran imponer quién los va a representar en las urnas.
El edil de la frontera más importante de México fue más allá y le dio un rozón al senador, señalando que la candidatura no la puede decidir alguien que “ni siquiera vota en Chihuahua”. Para Pérez Cuéllar, que un actor externo venga a querer repartir el pastel es una falta de respeto para la militancia local y para la ciudadanía que se fleta la chamba diario en el estado más grande de la República.
La disputa pone de manifiesto la fractura que existe dentro de Morena en el norte del país, donde los liderazgos regionales están sacando las uñas para defender su territorio. Mientras que Andrea Chávez es vista como una de las figuras más cercanas a la cúpula nacional del partido, Pérez Cuéllar representa la fuerza territorial de Juárez, un bastión que nadie puede ignorar si quiere ganar la «grande» en el estado.
En medio de este mitote, la senadora Chávez ha mantenido un perfil más discreto, pero el espaldarazo de Adán Augusto la puso en el ojo del huracán. Los capitalinos y los observadores políticos saben bien que estos «destapes» anticipados suelen traer más broncas que beneficios, pues alborotan el avispero antes de tiempo y generan resentimientos entre quienes también aspiran a la silla estatal.
Para muchos analistas, esta respuesta de Pérez Cuéllar es una señal de que la política en los estados ya no se puede manejar con el viejo estilo del «dedazo» centralista. La gente en Chihuahua tiene su propio pulso y sus propias necesidades, y ver que figuras nacionales intentan dar línea desde el centro del país suele caer muy gordo entre los votantes que exigen autonomía y respeto a sus procesos internos.
Lo que es un hecho es que la carrera por Chihuahua ya empezó y se va a poner color de hormiga. Por un lado, está la bendición de los altos mandos en la capital y, por el otro, el arraigo de los políticos que tienen los pies bien puestos en la tierra chihuahuense. Esta pugna apenas es el primer round de una batalla que promete sacar chispas conforme se acerquen las fechas clave del calendario electoral.
Por lo pronto, el mensaje del alcalde de Juárez quedó flotando en el aire como una advertencia para cualquier «ajeno» que quiera meter su cuchara en el estado. La moneda sigue en el aire y, aunque en Morena presuman unidad, estos agarrones demuestran que la lucha por el poder real se gana en la calle, convenciendo a la gente y no solo con el visto bueno de los compadres en la Cámara Alta.











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