Morena domina el Congreso, pero 2027 ya mueve fichas, alianzas y liderazgos en San Lázaro y el Senado.
Por Alberto Medina
En el segundo año de la LXVI Legislatura, el Congreso de la Unión opera como uno de los principales tableros políticos rumbo a las elecciones de 2027. Morena y sus aliados mantienen el control mayoritario en ambas cámaras, pero la oposición conserva espacios de negociación, visibilidad pública y operación territorial que pueden pesar en la próxima contienda federal y local.
El punto central está en San Lázaro y en el Senado: ahí se negocian reformas, presupuestos, nombramientos, puntos de acuerdo y mensajes políticos que no se quedan dentro del recinto. Cada posicionamiento, cada conferencia y cada votación funciona como una especie de ensayo general para 2027, cuando se renovará la Cámara de Diputados y habrá elecciones locales de gran alcance.
En el Senado, la Mesa Directiva está encabezada por Laura Itzel Castillo Juárez, legisladora de Morena, quien asumió la presidencia para el segundo año legislativo. Su posición le da control sobre la conducción institucional de las sesiones, el orden parlamentario y la representación formal de la Cámara alta.
En la Cámara de Diputados, la presidencia de la Mesa Directiva recae en Kenia López Rabadán, del PAN, lo que mantiene a la oposición en una posición visible dentro del equilibrio institucional. Aunque Morena tiene la fuerza numérica, la presidencia de la Mesa coloca al PAN en la conducción formal de debates, sesiones y momentos clave del pleno.
El personaje con mayor peso operativo en San Lázaro es Ricardo Monreal Ávila, coordinador de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política. Su papel lo ubica en el centro de las negociaciones legislativas, tanto con aliados como con opositores. En la práctica, Monreal es quien articula acuerdos, procesa tensiones internas y mide hasta dónde puede avanzar la agenda del oficialismo sin que se le haga bolas el engrudo político.
En la oposición, José Elías Lixa Abimerhi se mantiene como uno de los perfiles relevantes del PAN en la Cámara de Diputados. Su coordinación parlamentaria le permite ordenar la estrategia del blanquiazul frente a Morena, especialmente en temas donde la oposición busca marcar distancia: seguridad, gasto público, reformas electorales y límites al poder presidencial.
El PRI conserva peso legislativo a través de figuras como Rubén Moreira Valdez en Diputados y Manuel Añorve Baños en el Senado. Aunque el tricolor ya no tiene el tamaño político de otros tiempos, sus bancadas siguen siendo útiles en negociaciones cerradas, especialmente cuando se requieren votos, quórum, posicionamientos conjuntos o bloque opositor.
En el Senado, Ricardo Anaya Cortés aparece como una de las cartas más visibles del PAN. Además de su trayectoria nacional, coordina al grupo parlamentario panista y participa en comisiones relevantes como Puntos Constitucionales, Hacienda, Gobernación y Trabajo. Su regreso al primer plano legislativo también lo coloca en la conversación rumbo a Querétaro y al reacomodo opositor de 2027.
Movimiento Ciudadano mantiene una posición de bisagra política. Con perfiles como Clemente Castañeda en el Senado y liderazgos nacionales ligados a Jorge Álvarez Máynez, el partido naranja busca capitalizar el desgaste de los bloques tradicionales. Su reto es dejar de ser solo tercera vía en el discurso y convertirse en una opción territorial competitiva en estados, distritos y capitales.
El Verde y el PT también tienen una importancia que rebasa su tamaño formal. En la coalición oficialista, sus votos pueden definir si una reforma avanza o se atora. La caída de la reforma electoral en marzo mostró que Morena no siempre puede dar por descontado el apoyo de sus aliados, sobre todo cuando se tocan reglas de representación, prerrogativas o supervivencia partidista.
Rumbo a 2027, el Congreso será una pasarela de aspirantes. Senadores, diputados, coordinadores y presidentes de comisiones usarán sus cargos para construir presencia mediática, operar territorio y amarrar acuerdos internos. En Morena, el método de selección de candidaturas y la relación con PT y PVEM serán claves para evitar rupturas en estados competidos.
El INE ya puso el foco en el tamaño del proceso electoral de 2027. El instituto inició trabajos preparatorios para una elección concurrente que implicará renovar la Cámara de Diputados, gubernaturas, congresos locales, ayuntamientos y, en su caso, órganos judiciales. La discusión no es menor: el tamaño de la elección puede modificar calendarios, costos, campañas y estrategias partidistas.
De acuerdo con reportes recientes, en 2027 estarán en juego 500 diputaciones federales, 17 gubernaturas y miles de cargos locales. Por eso, el Congreso actual no solo legisla: también acomoda fichas. Lo que hoy se ve como debate parlamentario puede convertirse mañana en candidatura, alianza, ruptura o campaña territorial.
La lectura política es clara: Morena llega con mayoría y control de agenda; PAN, PRI y MC buscan espacios para contener, negociar y reposicionarse; mientras PT y Verde administran su valor como aliados necesarios. En corto, el Congreso ya funciona como antesala electoral. En largo, lo que se decida en sus pasillos puede definir quién llega con fuerza a la boleta de 2027.


