Saltar al contenido
viernes 6 de noviembre de 2026 Edición digital · Ciudad de México
«El poder tiene lectura.»

Mexican Times

El diario digital para los que mueven los hilos del país

Vol. digital · CDMX
6 · 11 · 2026
Principal

Hallan en Siberia la evidencia más antigua del consumo de cannabis con fines psicoactivos

Redacción Mexican Times 5 de noviembre de 2026 · 20:00 hrs Ciudad de México

El consumo de cannabis con fines psicoactivos tiene una historia mucho más antigua de lo que se creía. Un equipo internacional de científicos encontró en una tumba de hace aproximadamente 2 mil 800 años, en Siberia, la evidencia arqueológica directa más antigua de que esta planta era utilizada por sus efectos sobre el organismo.

El hallazgo combina el análisis de alrededor de mil 400 semillas de cannabis con el estudio de muestras de cabello humano recuperadas en el mismo enterramiento. Los resultados, publicados en la revista científica Science, aportan nuevas pistas sobre las prácticas culturales y ceremoniales de las sociedades antiguas de Eurasia.

La investigación contó con la participación de especialistas de la Universidad de Berna, en Suiza; el Instituto Max Planck de Geoantropología, en Alemania, y la Academia Rusa de Ciencias, entre otras instituciones. El equipo estuvo encabezado por Gino Caspari.

Una tumba principesca de hace 2 mil 800 años

Las pruebas fueron recuperadas en el yacimiento arqueológico de Tunnug 1, ubicado en el valle de Uyuk, al sur de Siberia. Se trata de uno de los túmulos funerarios monumentales más antiguos e importantes de la región, asociado con integrantes de alto rango de la sociedad escita, una cultura de las estepas euroasiáticas.

Durante las excavaciones, los investigadores recuperaron aproximadamente mil 400 semillas de cannabis, tanto completas como fragmentadas, vinculadas con los enterramientos.

La datación por radiocarbono estableció que las semillas fueron depositadas a comienzos del siglo VIII antes de nuestra era, coincidiendo con la construcción del complejo funerario.

Por su tamaño reducido y características físicas, los científicos consideran que probablemente procedían de plantas silvestres o variedades asilvestradas.

Sin embargo, encontrar semillas en una tumba no era suficiente para demostrar que el cannabis se utilizaba por sus efectos psicoactivos. Para obtener evidencia más directa, el equipo analizó muestras de cabello recuperadas en la cámara funeraria central.

El análisis de varias muestras de cabello permitió identificar señales compatibles con el cannabinol (CBN), un compuesto que puede producirse mediante la oxidación del tetrahidrocannabinol (THC), principal componente psicoactivo del cannabis.

Para estudiar los restos biológicos, los investigadores utilizaron distintas técnicas analíticas, entre ellas la espectrometría de masas de alta resolución, que permite detectar sustancias químicas incluso cuando se encuentran en concentraciones muy pequeñas.

La combinación de los resultados fue determinante: las semillas de cannabis y los rastros moleculares encontrados en el cabello procedían del mismo contexto funerario. Para Caspari y su equipo, esta coincidencia respalda la interpretación de que la planta se utilizaba por sus propiedades psicoactivas.

No obstante, los investigadores reconocen que las muestras no permiten establecer con precisión cuánto cannabis consumieron las personas ni cómo ingresaron los compuestos al organismo. Es decir, no se puede determinar si fue mediante inhalación o ingestión.

El cannabis pudo formar parte de ceremonias escitas

Los resultados apuntan a que el consumo de cannabis no era simplemente una práctica relacionada con la experimentación con plantas, sino que pudo desempeñar un papel dentro de las costumbres culturales y ceremoniales de las sociedades antiguas.

Los autores consideran que el hallazgo constituye la evidencia arqueológica más antigua con datación directa del uso de cannabis por sus efectos psicoactivos. También sugiere que estas prácticas ya estaban presentes en Eurasia hace al menos 2 mil 800 años.

La investigación adquiere mayor relevancia por las características del enterramiento. Caspari recordó que los entierros en el complejo funerario estaban acompañados de numerosos sacrificios de caballos y, probablemente, también de sacrificios humanos.

En trabajos anteriores, el equipo había identificado los restos de 18 caballos que fueron colocados sobre el túmulo funerario. Posteriormente, nuevas excavaciones permitieron recuperar varias decenas más de posibles sacrificios equinos, además de huesos humanos dispersos.

El contexto refuerza el interés de los investigadores por comprender cómo se relacionaba el consumo de sustancias psicoactivas con las prácticas rituales de aquella sociedad.

Una nueva ventana a las costumbres de las sociedades antiguas

Durante mucho tiempo, reconstruir el uso del cannabis en la prehistoria ha sido complicado porque las flores, hojas y resinas de la planta son materiales perecederos que rara vez sobreviven durante miles de años.

Por eso, la combinación de restos vegetales y evidencia química conservada en cabello humano representa un avance para la arqueología. A diferencia de la presencia aislada de semillas, los rastros moleculares ofrecen indicios más directos sobre el contacto de las personas con los compuestos de la planta.

El estudio no permite reconstruir todos los detalles de aquella práctica ni establecer la frecuencia del consumo, pero sí aporta evidencia de que los efectos psicoactivos del cannabis eran conocidos y aprovechados por algunas comunidades de la antigua Eurasia.

Así, un enterramiento escita de hace casi tres milenios ofrece nuevas pistas sobre la manera en que las sociedades humanas exploraron las propiedades de las plantas y las incorporaron a sus tradiciones culturales y ceremoniales.

Más de esta sección