La vacuna antigripal volvió a demostrar su efectividad en niños pequeños gracias a una investigación liderada por especialistas de la Escuela de Medicina de Harvard y el Hospital General de Massachusetts. El estudio, publicado en la revista JAMA Pediatrics, aporta nueva evidencia sobre cómo la inmunización reduce de forma directa los casos de gripe infantil y podría evitar cientos de miles de infecciones cada año solo en Estados Unidos.
Los investigadores analizaron datos de seguros médicos de niños de entre dos y cinco años durante cinco temporadas de gripe, entre 2016 y 2023, excluyendo los años más afectados por la pandemia de COVID-19 debido a las alteraciones atípicas en la circulación de virus respiratorios.
El trabajo se basó en una situación cotidiana que terminó convirtiéndose en un “experimento natural”. En Estados Unidos, muchos niños pequeños acuden al pediatra cerca de la fecha de su cumpleaños. Los nacidos en otoño suelen coincidir con el inicio de las campañas de vacunación antigripal y reciben la vacuna durante esa misma visita médica. En cambio, quienes nacen en verano normalmente tienen sus consultas antes de que la vacuna esté disponible y necesitan regresar posteriormente para inmunizarse, algo que no siempre ocurre.
Ese pequeño desfase permitió comparar grupos de niños cuya diferencia principal era la probabilidad de vacunarse. Los resultados mostraron que los menores nacidos en otoño tenían tasas de vacunación entre 8.6 y 12.5 puntos porcentuales más altas que los nacidos en verano. Además, sus diagnósticos de gripe fueron entre 1 y 1.4 puntos porcentuales más bajos.
Aunque las diferencias individuales parecen reducidas, el impacto poblacional es considerable. Anupam Jena, profesor de Política de Salud del Instituto Blavatnik de Harvard y uno de los autores del estudio, señaló que esos porcentajes equivalen a cientos de miles e incluso cerca de un millón de casos de gripe evitados cada año en Estados Unidos.
Para los científicos, uno de los puntos más sólidos de la investigación es que la fecha de nacimiento no depende de decisiones médicas ni familiares relacionadas con la vacunación. Esa condición convierte el análisis en un modelo comparable a un ensayo clínico aleatorizado, considerado uno de los estándares más confiables en investigación médica.
Christopher Worsham, profesor asistente de medicina e investigador principal del estudio, destacó que el trabajo responde a la necesidad de contar con evidencia más robusta sobre la efectividad de la vacuna en niños pequeños.
Según explicó, el estudio aporta datos que permiten confirmar con mayor precisión que las vacunas contra la gripe sí reducen los contagios en esta población.
Para asegurarse de que los resultados estaban vinculados específicamente con la vacuna antigripal, los investigadores analizaron también enfermedades que no cuentan con inmunización, como el resfriado común o ciertos virus gastrointestinales. En esos casos no encontraron diferencias entre niños nacidos en verano y otoño, lo que reforzó la relación directa entre vacunación y reducción de casos de influenza.
El estudio también observó que, después de los cinco años, la diferencia entre ambos grupos desaparece. Sin embargo, los investigadores aclararon que esto no significa que la vacuna deje de funcionar en niños mayores o adultos, sino que el patrón de consultas médicas ligado a los cumpleaños ya no se mantiene de la misma forma y el “experimento natural” deja de ser útil.
Jena y Worsham son conocidos por estudiar cómo ciertos patrones aleatorios presentes en grandes bases de datos pueden servir para responder preguntas médicas importantes. Ambos incluso publicaron el libro “Random Acts of Medicine”, centrado en este tipo de hallazgos surgidos del análisis de datos cotidianos.
Los resultados cobran relevancia también para América Latina, donde organismos internacionales continúan reforzando la importancia de la vacunación estacional contra la gripe. La Organización Panamericana de la Salud (OPS) recomienda que todos los países prioricen la inmunización en niños de entre seis meses y cinco años, además de embarazadas, adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y trabajadores sanitarios.
Según datos regionales citados por la OPS en una alerta epidemiológica de enero de 2026, la vacuna antigripal puede alcanzar una efectividad de hasta 75% para prevenir hospitalizaciones infantiles relacionadas con influenza. En adultos, la protección frente a cuadros graves se estima entre 30% y 40%, dependiendo de la temporada y las variantes circulantes.
En Argentina, la vacuna antigripal es gratuita y obligatoria para todos los niños de entre seis y 24 meses de edad. Los menores de hasta ocho años que nunca recibieron la vacuna deben aplicarse dos dosis separadas por al menos cuatro semanas. Posteriormente, solo requieren un refuerzo anual.
La infectóloga pediátrica Analía De Cristófano, integrante del Hospital Italiano de Buenos Aires y miembro de la Sociedad Argentina de Infectología, subrayó que la vacunación no solo protege a los niños, sino también a las personas vulnerables de su entorno, como bebés menores de seis meses y adultos mayores.
Además, recordó que también deben vacunarse las personas de entre dos y 64 años que presenten factores de riesgo como asma, obesidad o diabetes.
Los especialistas insisten en que la gripe no debe subestimarse como una enfermedad leve. En niños pequeños puede provocar neumonía, complicaciones respiratorias graves y hospitalizaciones, especialmente en quienes tienen condiciones médicas preexistentes.
La nueva evidencia aportada por Harvard fortalece así el consenso científico sobre el papel fundamental de la vacuna antigripal en la prevención de contagios y complicaciones durante cada temporada de influenza.


