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Jugar también es aprender: el reto de convencer a las familias sobre la educación preescolar

Redacción Mexican Times 26 de agosto de 2026 · 17:30 hrs Ciudad de México

Durante años, el juego ha sido considerado una parte esencial de la infancia. Construir torres, inventar historias, resolver un rompecabezas, jugar con figuras o participar en actividades guiadas puede parecer, a simple vista, una forma de entretenimiento. Sin embargo, detrás de muchas de estas dinámicas existen procesos de aprendizaje relacionados con el lenguaje, las matemáticas, la resolución de problemas y el desarrollo social.

A pesar de ello, algunos centros de educación infantil enfrentan la resistencia de familias que consideran que los niños deberían pasar más tiempo en actividades académicas tradicionales y menos en dinámicas lúdicas.

Un nuevo estudio publicado en el Early Childhood Education Journal encontró que el 97% de los docentes encuestados coincidió firmemente en que el juego puede apoyar el aprendizaje académico durante la etapa preescolar. Sin embargo, la percepción de las familias no siempre coincide con la de los especialistas.

Los investigadores encontraron que las familias de zonas urbanas tenían menos probabilidades de apoyar el aprendizaje basado en el juego en comparación con las familias que viven en comunidades suburbanas o rurales.

Para Erin Fox, autora principal de la investigación y quien realizó el estudio durante sus estudios doctorales en desarrollo humano y ciencias familiares en la Universidad Estatal de Ohio, uno de los principales problemas es la idea equivocada de que jugar y aprender son actividades separadas.

“Uno de los mayores conceptos erróneos es que el juego no apoya el aprendizaje”, explicó Fox.

Aunque muchas personas reconocen que jugar puede ayudar a los niños a desarrollar habilidades sociales y emocionales, existe una menor comprensión sobre la manera en que estas actividades también pueden fortalecer capacidades relacionadas con la alfabetización temprana y las matemáticas.

Cuando parece que solo están jugando, pero en realidad están aprendiendo

El aprendizaje basado en el juego no significa simplemente dejar a los niños sin ninguna orientación para que pasen el tiempo como quieran. De acuerdo con los investigadores, se trata de un enfoque activo que combina la iniciativa de los propios niños con la guía intencionada de los adultos.

Desde el exterior, una clase puede parecer un grupo de pequeños construyendo con bloques, jugando a una tienda, contando objetos o inventando historias. Pero detrás de estas actividades puede existir una planificación educativa concreta.

Kelly Purtell, profesora asociada de ciencias humanas en la Universidad Estatal de Ohio y participante en la investigación, explicó que muchas veces el trabajo pedagógico no resulta evidente para quienes observan desde fuera.

“Puede parecer que solo están jugando los niños, pero cuando realmente hablas con los profesores, es muy intencionado y hay objetivos claros de aprendizaje detrás”, señaló.

Por ejemplo, cuando un niño juega con bloques puede desarrollar nociones relacionadas con el espacio, las formas, el tamaño y el equilibrio. Al mismo tiempo, puede enfrentarse a pequeños problemas que requieren buscar soluciones. Si la actividad se realiza con otros niños, también aparecen oportunidades para aprender a negociar, colaborar, compartir materiales y comunicar ideas.

Algo similar ocurre con los juegos de representación. Jugar a un restaurante, una tienda o una consulta médica puede impulsar el lenguaje, ampliar el vocabulario y ayudar a los niños a comprender situaciones que observan en la vida cotidiana.

El juego, por lo tanto, no tiene que ser entendido como una pausa en el aprendizaje. En muchas ocasiones, puede ser precisamente el medio a través del cual los niños aprenden.

La presión por preparar a los niños para la escuela

Para realizar el estudio, los investigadores encuestaron a 110 docentes de preescolar de dos estados del Medio Oeste de Estados Unidos. El objetivo fue analizar cómo se percibe y se apoya el juego dentro del aula en comunidades urbanas, suburbanas y rurales.

Los resultados mostraron que, especialmente en algunos contextos urbanos, las familias pueden observar la educación preescolar principalmente como una etapa de preparación para la escuela primaria.

Desde esta perspectiva, algunos padres esperan que sus hijos aprendan contenidos académicos de una manera que resulte fácilmente reconocible: sentados frente a una mesa, realizando ejercicios, escribiendo letras o resolviendo actividades estructuradas.

El problema, según los investigadores, es que esta expectativa puede llevar a interpretar el aprendizaje basado en el juego como una pérdida de tiempo o una simple forma de entretenimiento.

Sin embargo, los especialistas destacan que el desarrollo infantil no ocurre únicamente mediante actividades tradicionales. Los niños pequeños aprenden explorando, preguntando, repitiendo, imaginando y poniendo a prueba sus propias ideas.

El aprendizaje lúdico puede convertirse así en una estrategia adecuada para su etapa de desarrollo y, al mismo tiempo, ayudar a construir las habilidades que necesitarán durante su transición hacia etapas escolares posteriores.

El papel de las familias también es fundamental

Los resultados del estudio apuntan a una necesidad creciente de mejorar la comunicación entre las escuelas infantiles y las familias.

Para muchos padres, observar a su hijo jugando durante una parte importante del día puede generar dudas sobre qué está aprendiendo realmente. Por ello, los investigadores consideran importante que los docentes expliquen con mayor claridad los objetivos que existen detrás de estas actividades.

Una conversación entre padres y profesores puede ayudar a entender, por ejemplo, por qué una actividad aparentemente sencilla está diseñada para fortalecer determinadas habilidades. El juego puede ser libre en algunos momentos, pero también puede contar con la intervención estratégica de un adulto que plantea preguntas, propone nuevos retos o ayuda a los niños a profundizar en una idea.

Purtell destacó que el aprendizaje basado en el juego es una estrategia apropiada para el desarrollo y que los padres deberían sentirse cómodos al hablar con los docentes para comprender cómo y por qué se utiliza dentro del aula.

Esta comunicación puede ser especialmente importante para desmontar la idea de que la diversión y el aprendizaje son conceptos opuestos.

En realidad, para un niño pequeño, ambos pueden estar profundamente relacionados. Una actividad que despierta curiosidad puede captar mejor su atención y motivarlo a participar activamente, algo que resulta fundamental durante una etapa en la que el descubrimiento forma parte de la manera natural de conocer el mundo.

Jugar para aprender y prepararse para el futuro

El estudio pone sobre la mesa una discusión que va más allá de los juguetes o de las actividades que se realizan en un salón de clases. La pregunta de fondo es cómo se entiende el aprendizaje durante los primeros años de vida.

La preocupación de las familias por preparar a los niños para el futuro es comprensible. Sin embargo, los investigadores sostienen que el juego no tiene por qué competir con la preparación académica.

Por el contrario, puede ayudar a desarrollar habilidades que servirán como base para el aprendizaje posterior. La alfabetización temprana puede fortalecerse mediante historias, juegos con palabras y actividades de representación, mientras que las nociones matemáticas pueden aparecer al contar, clasificar, comparar y construir.

Al mismo tiempo, el juego permite trabajar otras capacidades igualmente importantes, como la creatividad, la comunicación, la autonomía, la cooperación y la capacidad para enfrentar pequeños desafíos.

La investigación deja claro que uno de los grandes retos no es convencer a los niños de jugar, sino ayudar a los adultos a comprender todo lo que puede ocurrir mientras lo hacen.

A veces, una torre construida con bloques no es solo una torre. Una historia inventada no es únicamente un juego. Y una tarde dedicada a explorar, imaginar y crear puede ser también una de las formas más efectivas de preparar a un niño para seguir aprendiendo.

 

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