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La escapada nocturna para ver luciérnagas antes de agosto

Tlaxcala vive las últimas semanas del avistamiento; hay reglas estrictas para no dañar el bosque.

Redacción Mexican Times 18 de julio de 2026 · 10:59 hrs Ciudad de México

Hay viajes que se pueden hacer cualquier fin de semana y otros que tienen fecha de caducidad. Ver luciérnagas en Tlaxcala pertenece al segundo grupo: ocurre sólo durante unas semanas al año y depende de que el bosque conserve sus condiciones naturales.

Entre junio y los primeros días de agosto, Nanacamilpa, Españita y la zona boscosa del poniente tlaxcalteca reciben visitantes que buscan caminar de noche entre árboles y observar los destellos de las luciérnagas. El momento más esperado suele iniciar alrededor de las 20:30 horas y dura cerca de una hora.

La experiencia es altamente visual, pero no debe confundirse con un espectáculo artificial. No hay reflectores, música ni escenografía. Lo que se observa es un proceso natural relacionado con la comunicación y reproducción de las luciérnagas, por eso la oscuridad y el silencio son indispensables.

El atractivo principal también es su mayor fragilidad. Una lámpara encendida, un celular con brillo alto, una foto con flash o un grupo haciendo ruido puede alterar la experiencia. Por eso, las reglas son claras: no luces, no flashes, no repelentes, no música, no gritos y no salirse de los senderos.

Para quienes viajan desde Ciudad de México, la escapada puede hacerse en automóvil, excursión o una combinación de autobús y traslado local. El auto da libertad para visitar otros puntos de Tlaxcala, pero exige manejar de noche al regreso. La excursión simplifica la logística y permite descansar durante el traslado.

Desde Puebla, la cercanía hace posible una salida corta, incluso de tarde-noche, pero lo recomendable es no improvisar. La entrada al bosque depende de horarios y cupos, así que conviene reservar antes y llegar con tiempo suficiente para registrarse, estacionarse y recibir instrucciones.

El autobús puede ser opción para viajeros con presupuesto más ajustado, aunque no siempre es la más sencilla. El tramo final hacia los centros de avistamiento y el regreso nocturno requieren confirmación previa. Si no hay transporte local asegurado, la salida puede complicarse.

Antes de elegir centro o paquete, hay que hacer preguntas básicas: cuánto cuesta, qué incluye, cuántas personas integran el grupo, si hay guía, si el centro está registrado, si cuenta con sanitarios, si hay estacionamiento y qué ocurre si la lluvia impide el recorrido. Una buena experiencia empieza con información clara.

También es importante entender que la observación puede cambiar. La lluvia, la temperatura, la humedad, la luna y las condiciones del bosque influyen en la cantidad de luciérnagas visibles. Si alguien promete un avistamiento idéntico todas las noches, conviene desconfiar.

La preparación física no es extrema, pero sí requiere sentido común. El visitante caminará de noche, en terreno húmedo y posiblemente resbaloso. Por eso, lo ideal es llevar impermeable, calzado antiderrapante, ropa térmica, pantalón cómodo y prendas oscuras.

No conviene ir con zapatos delicados, ropa ligera o accesorios estorbosos. Tampoco es buena idea llevar mochilas grandes, paraguas voluminosos o equipo fotográfico que requiera iluminación. La mejor actitud es ir ligero y dispuesto a guardar el celular.

Para hacer la escapada más completa, Tlaxcala ofrece una ruta de sabores y visitas cercanas. Antes del bosque se pueden probar tlacoyos, mixiotes, escamoles, pulque y quesadillas de hongos. También se pueden visitar haciendas pulqueras, Calpulalpan o Huamantla.

Las haciendas pulqueras dan contexto al paisaje rural de la zona. Permiten conocer el papel del maguey, probar productos locales y sumar una actividad diurna antes del recorrido nocturno. La clave es calcular tiempos para no llegar tarde al avistamiento.

Huamantla puede funcionar para quienes quieren convertir la salida en viaje de fin de semana. Calpulalpan, por su parte, puede servir como escala para comer, descansar o conectar con rutas hacia los bosques. En ambos casos, lo recomendable es no saturar el itinerario.

El momento de las luciérnagas exige pausa. Hay que caminar despacio, guardar silencio, apagar pantallas y confiar en el guía. La recompensa no es una foto perfecta, sino la posibilidad de observar un fenómeno natural que sólo aparece bajo ciertas condiciones.

También hay una responsabilidad del visitante. Si se llevan botellas, envolturas o impermeables desechables, deben regresar con ellos. Si se contrata una excursión, hay que preferir operadores que respeten reglas y no fomenten conductas invasivas para conseguir imágenes.

El bosque no es un fondo para redes sociales. Es el hábitat que hace posible la experiencia. Quien lo entiende disfruta más y deja menos huella.

Por eso, si la idea es aprovechar las últimas semanas de temporada, la recomendación es simple: reservar con tiempo, confirmar condiciones, vestirse para lluvia y frío, comer antes, apagar el celular y entrar al bosque con respeto.

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