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La sonrisa entre un bebé y su cuidador podría ayudar a desarrollar la regulación emocional

Redacción Mexican Times 2 de octubre de 2026 · 16:43 hrs Ciudad de México

Las sonrisas que aparecen durante los primeros meses de vida no serían únicamente una expresión de alegría o un momento de conexión entre un bebé y la persona que lo cuida. Dos estudios sugieren que estos intercambios también podrían estar relacionados con procesos que ayudan a los bebés a desarrollar su capacidad para regular sus emociones.

La investigación encontró que existe una diferencia entre que un bebé sonría por sí mismo y que su expresión positiva coincida con la sonrisa de su cuidador. En particular, uno de los estudios identificó cambios en la frecuencia cardíaca de los bebés asociados con la regulación emocional únicamente durante los momentos en que el bebé y su cuidador sonreían al mismo tiempo.

El hallazgo fue descrito por Daniel Messinger, profesor de Psicología de la Universidad de Miami y autor principal de la investigación, como una señal de que las interacciones positivas entre bebés y adultos pueden estar vinculadas con la fisiología infantil.

Cuando ambos sonríen, cambia la respuesta fisiológica

Para el primer estudio, el equipo de investigadores colocó electrodos en el pecho y el abdomen de cerca de 1,000 bebés de cuatro meses. Los científicos registraron su frecuencia cardíaca mientras los pequeños mantenían interacciones positivas con sus madres.

Uno de los indicadores analizados fue la llamada arritmia sinusal respiratoria, un tipo de variabilidad de la frecuencia cardíaca relacionada con la respiración. De acuerdo con los investigadores, un aumento de este indicador se ha asociado con la regulación emocional y con la capacidad de una persona para adaptarse a diferentes entornos.

Al analizar las interacciones entre los bebés y sus madres, el equipo encontró que el incremento en esta variabilidad de la frecuencia cardíaca aparecía cuando el bebé y la madre sonreían simultáneamente.

El cambio no se observó cuando solamente la madre sonreía mientras el bebé no respondía con una sonrisa, ni cuando el bebé sonreía pero la madre no correspondía. Es decir, de acuerdo con los resultados descritos por los investigadores, la coincidencia de las expresiones positivas fue un elemento relevante para la respuesta fisiológica observada.

“Ambos tienen que ser positivos”, explicó Messinger al referirse a la interacción. Según el investigador, cuando las dos personas mantienen una respuesta positiva durante periodos más prolongados, puede observarse un aumento de la frecuencia cardíaca del bebé.

El resultado plantea que el intercambio social no es únicamente una experiencia agradable para el pequeño. También puede estar relacionado con cambios internos que acompañan el desarrollo de la regulación emocional.

La investigación, sin embargo, muestra una asociación entre las sonrisas compartidas y la respuesta fisiológica registrada. Por sí sola, no demuestra que sonreír con un bebé sea la causa directa de que desarrolle una determinada capacidad emocional.

Los bebés aprenden a responder a las sonrisas con el tiempo

El segundo estudio analizó las interacciones de 58 bebés de cuatro y ocho meses con sus madres, sus padres y una persona desconocida.

En términos generales, los adultos fueron más propensos que los bebés a iniciar episodios de sonrisas. Los pequeños, a su vez, tenían más probabilidades de sonreír después de que un adulto les sonriera primero.

Los investigadores también observaron que los bebés solían ser los primeros en dejar de sonreír durante estos intercambios. Esto muestra que las interacciones no consisten simplemente en que ambos participantes mantengan una sonrisa durante el mismo periodo, sino que implican una dinámica en la que cada uno responde y modifica su comportamiento a partir de las señales del otro.

La edad introdujo una diferencia importante. A los ocho meses, los bebés eran más propensos a iniciar un momento de sonrisa y a corresponder la expresión positiva de un adulto que cuando tenían cuatro meses.

Para Messinger, este resultado sugiere que las parejas formadas por un bebé y un adulto se vuelven progresivamente más sensibles a las señales del otro conforme avanza el desarrollo.

La relación con la persona también influye

El estudio incluyó una comparación entre las respuestas de los bebés hacia sus madres, sus padres y una persona desconocida. Los investigadores encontraron que los pequeños tenían mayor probabilidad de sonreír a su madre que a su padre o a un desconocido.

Al mismo tiempo, los desconocidos fueron más propensos que las madres a iniciar y mantener episodios de sonrisa. La diferencia muestra que la respuesta del bebé no depende exclusivamente de quién inicia la interacción, sino también de la relación que existe entre ambos participantes.

Messinger destacó precisamente este aspecto como uno de los elementos relevantes del estudio, ya que permitió analizar las interacciones no solo con madres y padres, sino también con personas que los bebés no conocían.

Los resultados apuntan así a que el vínculo entre el bebé y el adulto forma parte de la dinámica de las expresiones positivas. Los pequeños no responden exactamente de la misma manera ante todas las personas, incluso cuando reciben señales similares.

Una sonrisa compartida es más que una expresión aislada

En conjunto, los dos estudios ofrecen una mirada sobre cómo las primeras interacciones sociales pueden acompañar el desarrollo emocional durante los primeros meses de vida. La sonrisa aparece como una conducta que no ocurre de manera aislada: los bebés observan las expresiones de los adultos, responden a ellas y, con el paso de los meses, participan de manera más activa en estos intercambios.

El primer estudio relacionó las sonrisas simultáneas con un cambio fisiológico asociado con la regulación emocional, mientras que el segundo encontró que la capacidad de iniciar y corresponder estos momentos de interacción aumenta entre los cuatro y los ocho meses.

Esto no significa que una sonrisa por sí sola determine el desarrollo emocional de un bebé. Los estudios describen una parte de un proceso mucho más amplio en el que intervienen las interacciones cotidianas entre los pequeños y las personas que los rodean.

Lo que sí sugieren los resultados es que esos breves momentos en los que un bebé y su cuidador se miran, sonríen y responden mutuamente pueden estar relacionados con procesos fisiológicos y conductuales que cambian durante el desarrollo. La sonrisa, en ese sentido, no sería solamente una reacción pasajera, sino parte de una comunicación social que se vuelve más compleja conforme el bebé crece.

 

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