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¿Las alergias pueden provocar migrañas? Esto es lo que dice la ciencia sobre su posible relación

Redacción Mexican Times 30 de julio de 2026 · 17:00 hrs Ciudad de México

La migraña es mucho más que un simple dolor de cabeza. Se trata de un trastorno neurológico crónico que provoca episodios de dolor intenso, generalmente pulsátil y localizado en un lado de la cabeza, acompañado con frecuencia de náuseas, vómitos y una marcada sensibilidad a la luz, los sonidos e incluso los olores. En algunas personas también aparecen síntomas conocidos como aura, que incluyen alteraciones visuales, puntos ciegos, destellos de luz o dificultades para hablar antes de que comience el ataque.

Estos episodios pueden prolongarse durante varias horas o incluso días, afectando de forma considerable la calidad de vida de quienes los padecen. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), además del dolor, muchas personas experimentan señales previas como cambios de humor, fatiga, rigidez en el cuello o antojos de alimentos, mientras que, tras la crisis, pueden presentar confusión y problemas para concentrarse.

Aunque las causas exactas de la migraña todavía no se comprenden por completo, los especialistas consideran que intervienen factores genéticos y ambientales. Durante un episodio ocurre una alteración en la actividad de los nervios, de determinadas sustancias químicas y de los vasos sanguíneos del cerebro. Además, factores como el estrés, los cambios hormonales, la falta de sueño, ciertos alimentos o las variaciones climáticas pueden actuar como desencadenantes.

En los últimos años, la comunidad científica también ha prestado atención a otro posible factor: las alergias. Diversas investigaciones han encontrado que muchas personas con migraña también padecen enfermedades alérgicas, lo que ha abierto el debate sobre si ambas condiciones podrían estar relacionadas.

Una revisión científica publicada en la revista Journal of Clinical Medicine concluye que, aunque todavía no existe una respuesta definitiva, sí hay evidencia de una mayor frecuencia de trastornos alérgicos entre quienes sufren migraña. Entre las enfermedades que aparecen con mayor frecuencia destacan la rinitis alérgica, el asma y la dermatitis atópica.

Los investigadores consideran que el punto de conexión podría encontrarse en la inflamación y en determinados mecanismos del sistema inmunológico. Uno de los protagonistas sería la histamina, una sustancia liberada durante las reacciones alérgicas que también parece desempeñar un papel importante en la aparición de la migraña.

Diversos estudios han observado que las personas con migraña presentan niveles elevados de histamina en sangre, especialmente durante los ataques. Esta molécula puede influir en regiones cerebrales encargadas de procesar el dolor y aumentar la sensibilidad del sistema nervioso, lo que podría favorecer la aparición de los síntomas característicos de la enfermedad.

El National Institute of Neurological Disorders and Stroke también explica que las migrañas se producen por la liberación de sustancias inflamatorias alrededor de los nervios y vasos sanguíneos de la cabeza, un mecanismo que guarda similitudes con el proceso inflamatorio que ocurre durante una reacción alérgica. Además, tanto la migraña como algunas alergias pueden verse favorecidas por factores ambientales como los cambios estacionales, la exposición a determinados alérgenos o las alteraciones del sueño.

Sin embargo, los especialistas subrayan que esta asociación no significa que las alergias provoquen directamente la migraña en todas las personas. La evidencia actual indica que ambas enfermedades pueden compartir mecanismos biológicos y factores de riesgo, pero aún se necesitan más investigaciones para comprender con precisión cómo interactúan.

Mientras la ciencia continúa estudiando esta posible conexión, los expertos coinciden en que la prevención sigue siendo una de las mejores herramientas para controlar la migraña. Una de las estrategias más recomendadas consiste en llevar un registro de los episodios para identificar posibles desencadenantes, ya sean alimentos, cambios hormonales, situaciones de estrés, alteraciones del sueño o condiciones ambientales.

La OMS también aconseja mantener hábitos saludables, como dormir las horas suficientes, respetar horarios regulares de alimentación, practicar actividad física de forma constante y moderada, además de reducir el consumo de alcohol. Asimismo, advierte sobre el uso excesivo de analgésicos, ya que tomar estos medicamentos con demasiada frecuencia puede favorecer la aparición de migrañas crónicas.

Por otra parte, el manejo del estrés también juega un papel importante. Técnicas de relajación, meditación y terapia cognitivo-conductual han demostrado ser útiles para disminuir la frecuencia de los ataques en algunos pacientes. Cuando las crisis son recurrentes o incapacitantes, los médicos pueden indicar tratamientos preventivos específicos, entre ellos betabloqueantes, anticonvulsivos, medicamentos dirigidos al péptido relacionado con el gen de la calcitonina (CGRP) o toxina botulínica, siempre bajo supervisión profesional.

Aunque todavía no se ha demostrado que las alergias sean una causa directa de la migraña, la creciente evidencia científica sugiere que ambas condiciones podrían compartir procesos inflamatorios y mecanismos biológicos comunes. Comprender esta relación permitirá desarrollar en el futuro tratamientos más personalizados y mejorar la calidad de vida de millones de personas que conviven con este trastorno neurológico.

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