Gabino Palomares, uno de los principales exponentes del Canto Nuevo en México y autor de la emblemática canción ‘La maldición de Malinche’, falleció este miércoles a los 76 años, después de atravesar una difícil situación de salud durante varias semanas. La noticia provocó reacciones de figuras políticas, instituciones culturales y representantes de la música latinoamericana, quienes reconocieron la trayectoria de un artista que convirtió sus canciones en una forma de expresión social y política.
La presidenta Claudia Sheinbaum lamentó públicamente la muerte del cantautor y destacó la congruencia que, a lo largo de su vida, mantuvo entre sus ideas, sus convicciones y su trabajo artístico.
“Recibo con profunda tristeza la noticia del fallecimiento de Gabino Palomares, un hombre consecuente con sus ideas, sus convicciones y su manera de entender la vida”, expresó la mandataria.
Sheinbaum también destacó la voz, la música y el compromiso de Palomares con diversas causas sociales, al señalar que su trabajo dejó una huella profunda en distintas generaciones. “Su voz seguirá acompañándonos”, escribió al enviar sus condolencias a sus familiares, amigos y personas cercanas al músico.
La familia de Palomares confirmó su fallecimiento y agradeció las muestras de afecto hacia el cantautor, así como a quienes compartieron a lo largo de su vida sus luchas y su búsqueda de “un mundo más justo”.
Nacido el 26 de mayo de 1950 en Comonfort, Guanajuato, Gabino Palomares se convirtió en una figura fundamental del movimiento del Canto Nuevo en México y en uno de los representantes de la Nueva Canción latinoamericana. Su carrera se extendió durante más de cinco décadas, periodo en el que combinó la composición y la interpretación musical con una participación constante en movimientos sociales.
Su repertorio incluyó más de un centenar de canciones de contenido político, social y amoroso, aunque su nombre quedó especialmente ligado a ‘La maldición de Malinche’, una composición publicada en 1978 que alcanzó una amplia difusión y que también fue popularizada por la cantante mexicana Amparo Ochoa.
La canción se convirtió con el paso del tiempo en una de las piezas más reconocidas de la canción de protesta latinoamericana. A través de una reflexión sobre la conquista, la identidad y las relaciones históricas entre México y otras potencias, la composición trascendió el ámbito musical y pasó a formar parte de la memoria cultural de varias generaciones.
El camino de Palomares hacia la música comenzó después de una experiencia que modificó sus planes profesionales. El cantautor estudiaba Ingeniería Química en la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, pero decidió abandonar la carrera después de entrar en contacto con la pobreza extrema que observó en comunidades del altiplano potosino.
A partir de entonces, la música se convirtió no solamente en su profesión, sino también en una herramienta para expresar preocupaciones sociales y políticas. Esa combinación entre creación artística y activismo se mantuvo como una constante durante el resto de su trayectoria.
Palomares militó desde 1975 en el Partido Comunista Mexicano y participó en distintos movimientos sociales de México y América Latina. También recorrió el país junto al dirigente sindical Valentín Campa durante su candidatura presidencial, experiencia que contribuyó a consolidar el vínculo entre su actividad musical y su participación política.
Su propia manera de entender esa trayectoria quedó reflejada en una entrevista publicada apenas unos días antes de su muerte por el diario La Jornada, realizada por la escritora Elena Poniatowska. En ella, Palomares resumió su identidad pública con una frase que sintetizó la importancia que otorgaba a su activismo: “Yo, Elena, soy más luchador social que artista”.
La declaración permite dimensionar cómo entendía su relación con la música. Para Palomares, la canción no se limitaba al escenario ni al entretenimiento, sino que podía funcionar como una herramienta para conservar la memoria, expresar inconformidades y acompañar distintas luchas sociales.
A lo largo de su carrera compartió escenarios con algunos de los nombres más importantes de la Nueva Canción latinoamericana, entre ellos Mercedes Sosa, Silvio Rodríguez, Pablo Milanés, León Gieco y Daniel Viglietti. Estos encuentros lo vincularon con una tradición musical que convirtió la composición de autor en un espacio para abordar asuntos sociales, políticos y culturales.
Tras conocerse su muerte, la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México reconoció a Palomares como una voz fundamental de la trova, la memoria social y la lucha por la justicia en América Latina. La institución destacó así una faceta de su trayectoria que durante décadas estuvo estrechamente relacionada con la vida cultural y política de la región.
También el embajador de Cuba en México, Eugenio Martínez Enríquez, expresó sus condolencias y recordó particularmente el respaldo que el cantautor manifestó hacia la Revolución Cubana y el pueblo de la isla.
La muerte de Gabino Palomares pone fin a una trayectoria de más de medio siglo en la que música, memoria y participación social estuvieron estrechamente relacionadas. Su repertorio, particularmente ‘La maldición de Malinche’, permanece como parte del cancionero latinoamericano y como testimonio de una época en la que el Canto Nuevo encontró en la canción una vía para hablar de identidad, desigualdad, historia y transformación social.
Más allá de sus presentaciones y grabaciones, Palomares dejó una obra que refleja la manera en que varias generaciones de músicos latinoamericanos entendieron el compromiso artístico: como una posibilidad de contar aquello que ocurría fuera de los escenarios y de convertir las experiencias sociales en canciones capaces de permanecer en la memoria colectiva.


