La abundancia de información no resuelve por sí sola el problema de distinguir fuentes confiables. Esa preocupación estuvo en el centro del XLIV Coloquio de Investigación Bibliotecológica y sobre la Información, donde la UNAM abordó los desafíos que plantea la inteligencia artificial para la formación y la investigación.
El boletín universitario del 17 de octubre recoge la intervención de Miguel Armando López Leyva. El académico vinculó el escenario actual con la necesidad de desarrollar capacidades para analizar información, reconocer desinformación y considerar las implicaciones éticas de las herramientas digitales.
La alfabetización informacional consiste, en este contexto, en fortalecer la capacidad de buscar, evaluar y utilizar información. El planteamiento expuesto en el coloquio apunta a que el acceso a nuevas tecnologías vaya acompañado de criterios para revisar lo que producen y las fuentes en las que se apoyan.
La discusión también consideró desigualdades en el acceso y el uso de recursos informativos. La incorporación de sistemas de inteligencia artificial puede ampliar posibilidades de trabajo, pero sus beneficios no se distribuyen automáticamente entre instituciones y comunidades.
Perla Olivia Rodríguez Reséndiz, directora del Instituto de Investigaciones Bibliotecológicas y de la Información, presentó una agenda de investigación organizada en diez líneas. La propuesta incorpora el estudio de tecnologías emergentes junto con otros problemas sociales vinculados con la información.
El boletín identifica tres ejes transversales: sustentabilidad, pobreza y grupos vulnerables, así como tecnologías emergentes. Su inclusión coloca a la bibliotecología en una conversación que abarca condiciones materiales de acceso, organización del conocimiento y necesidades de distintos públicos.
Para escuelas, bibliotecas y equipos de trabajo, el debate plantea una pregunta práctica: qué capacidades hacen falta para revisar una respuesta automatizada antes de utilizarla. Contrastar documentos originales, identificar autoría y reconocer límites de la fuente son tareas que no desaparecen con una interfaz más rápida.
La comunicación universitaria documenta las posiciones expuestas y la agenda presentada. No constituye una evaluación de eficacia de una herramienta específica ni permite concluir que un producto de inteligencia artificial haya sido certificado por la UNAM.
El seguimiento estará en los proyectos y resultados que surjan de esas líneas de investigación. Por ahora, el aporte del coloquio es situar la formación informacional y la ética como parte de la discusión tecnológica, además de la adopción de nuevas aplicaciones.


