Los Demonios del Poder
En defensa férrea del voto de Morena
Carlos Lara Moreno
En política, los cambios de gabinete rara vez son inocentes. Se presentan como ajustes técnicos, relevos naturales o nuevos tiempos, pero casi siempre responden a una lógica más profunda: conservar el poder. Y eso parece ocurrir con los movimientos en el entorno de Claudia Sheinbaum.
La llegada de Luisa María Alcalde a la Consejería Jurídica y la salida de Ariadna Montiel Reyes de Bienestar para asumir la dirigencia nacional de Morena no serían simples enroques. Son decisiones pensadas hacia 2027 y 2030.
La Consejería Jurídica no reparte apoyos ni llena plazas, pero es una oficina clave. Ahí se blindan decretos, reformas, litigios y decisiones presidenciales. Es el espacio donde se defiende legalmente al régimen. Colocar a Alcalde tendría sentido total: cercanía política, disciplina interna y lealtad probada. Sheinbaum necesitará una operadora firme para enfrentar impugnaciones, choques institucionales y la batalla jurídica que acompaña toda sucesión.
Pero el movimiento más delicado estaría en otra parte: Bienestar.
La Secretaría del Bienestar es hoy la estructura territorial más poderosa del país. Tiene presencia nacional, contacto directo con millones de beneficiarios y una red que ningún partido opositor posee. Pensiones, becas y apoyos no sólo generan política social; también generan identidad política.
Si Montiel salta de Bienestar a Morena, el partido sumaría a una operadora que conoce padrones, regiones, liderazgos locales y zonas de riesgo electoral. Ahí aparece el demonio del poder: la frontera borrosa entre derecho social y rentabilidad política.
Los programas sociales son legítimos y necesarios. El problema surge cuando el ciudadano asocia ese derecho con la permanencia de un partido. Cuando cree que el apoyo depende de votar por los mismos. No hace falta una amenaza abierta; basta la insinuación.
Morena sabe que 2027 no será trámite. Habrá desgaste de gobierno, pleitos internos, gobernadores con agenda propia y una oposición que, aunque débil, podría crecer si el oficialismo se divide. Perder espacios en el Congreso es posible. También algunas gubernaturas donde pesan más los conflictos locales que la marca nacional.
El mayor riesgo para Morena no siempre está enfrente, sino adentro: candidaturas disputadas, grupos desplazados, imposiciones y soberbia. Muchas derrotas comienzan en casa.
Por eso Sheinbaum parece acomodar piezas estratégicas: Alcalde para proteger jurídicamente al gobierno; Montiel para ordenar electoralmente al partido. Una cuidaría la legalidad del poder. La otra, la permanencia del poder.
Y detrás de todo ya asoma 2030. Ahí se sabrá si la llamada Cuarta Transformación fue una ola sexenal o un régimen duradero.
Los Demonios del Poder no llegan con cuernos. Llegan con nombramientos, padrones y mapas electorales. Y ya están en movimiento.


