Por Bruno Cortés

 

En la política mexicana hay momentos en los que los cargos se cruzan con las aspiraciones, y eso fue justo lo que ocurrió con la diputada Evangelina Moreno Guerra, quien anunció que pedirá licencia en la Cámara de Diputados para meterse de lleno al proceso interno de su partido rumbo a la coordinación estatal en Baja California, una figura que, en términos prácticos, suele ser la antesala de una candidatura importante.

La decisión, explicó, responde a una instrucción directa de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo: quien quiera competir, tiene que separarse del cargo para evitar ventajas indebidas y respetar las reglas del juego dentro de Morena. Dicho en sencillo, se trata de que nadie use su puesto público para hacer campaña disfrazada.

Moreno Guerra lo planteó como un tema de congruencia. Dijo que no fue fácil dejar su curul porque desde ahí había impulsado temas importantes, pero que si quiere seguir creciendo políticamente dentro del movimiento, tiene que jugar bajo las mismas reglas que todos. Este tipo de decisiones, aunque suenan internas, tienen un fondo de política pública: buscan evitar el uso de recursos públicos en procesos partidistas y dar cierta legitimidad a las contiendas internas.

La diputada también aprovechó para recordar su paso por el Congreso, donde participó en reformas relevantes como el Código Nacional de Procedimientos Civiles y Familiares, además de impulsar temas como la cultura de paz y algo que ha tomado fuerza en los últimos años: el sistema de cuidados, que busca reconocer legalmente el derecho de las personas a cuidar y ser cuidadas, un tema clave en un país donde ese trabajo recae, en su mayoría, en mujeres.

En términos más aterrizados, esto se traduce en políticas que podrían impactar desde guarderías hasta apoyos para personas mayores o con discapacidad. También mencionó gestiones concretas, como la búsqueda de recursos para el Hospital General Regional 23 del IMSS en Ensenada, que beneficiaría a más de 300 mil personas.

Al pedir licencia, lo que hace es dejar temporalmente su puesto para poder recorrer el estado, reunirse con distintos sectores —empresarios, académicos, comunidades indígenas— y construir una base política más amplia. Es decir, pasar del trabajo legislativo en la capital a la operación política en territorio.

Su lugar en San Lázaro lo ocupará su suplente, Karla Patricia Sánchez Rodelo, quien no llega como improvisada, según dejó claro, sino como parte de un equipo que ya venía trabajando. De hecho, adelantó que dará continuidad a temas clave como la reducción de la jornada laboral a 40 horas y la erradicación del asbesto, dos asuntos que también tienen implicaciones directas en la calidad de vida y la salud de los trabajadores.

En pocas palabras, lo que parece un simple movimiento político tiene varias capas: reglas internas de partido, control del uso del poder público y continuidad de agendas legislativas que impactan en la vida diaria. Así funciona buena parte de la política en México: entre decisiones personales, lineamientos partidistas y políticas públicas que siguen caminando, aunque cambien los nombres en los cargos.

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