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La comida mexicana también mueve turismo y poder

Las rutas gastronómicas son cultura, economía local y una carta fuerte para atraer viajeros.

Redacción Mexican Times 22 de junio de 2026 · 06:20 hrs Ciudad de México

La comida mexicana no sólo llena mesas: también mueve turismo, prestigio cultural y economías locales. En un país con cocinas regionales tan distintas, la gastronomía se ha convertido en una herramienta de promoción, identidad y desarrollo.

La Secretaría de Turismo ha señalado que la gastronomía es un motivador de viaje y que México cuenta con 18 rutas gastronómicas. Esa lectura coloca a la cocina como parte de la oferta turística nacional, no como un complemento menor.

El reconocimiento internacional también pesa. La cocina tradicional mexicana fue inscrita por UNESCO como patrimonio cultural inmaterial en 2010, por su vínculo con prácticas agrícolas, técnicas culinarias, rituales, comunidad y transmisión de saberes.

Esa distinción abre una tensión editorial interesante: la comida puede atraer visitantes, pero también exige proteger a quienes la sostienen. Cocineras tradicionales, productores, mercados, campesinos, pescadores y pequeños negocios forman la base de esa cadena.

Oaxaca y Puebla muestran cómo una cocina local puede proyectarse internacionalmente sin perder su raíz comunitaria. UNESCO ha destacado a cocineras de esas entidades como portadoras de un patrimonio que no se limita al platillo final, sino que incluye territorio, técnicas e identidad.

Puebla, además, tiene una narrativa poderosa para turismo cultural: mole poblano, chiles en nogada, cemitas, dulces típicos y bebidas tradicionales conviven con patrimonio arquitectónico e historia. La promoción turística estatal coloca esos platillos como parte de su identidad.

Yucatán tiene otro tipo de fuerza: una cocina regional con calendario, tradición y memoria familiar. La promoción turística yucateca describe costumbres como asignar platillos a días de la semana, además de destacar cochinita pibil, papadzules, poc chuc, sopa de lima y relleno negro.

Baja California representa una ruta contemporánea: mar, frontera, vino, cocina urbana y experimentación. El Valle de Guadalupe y Ensenada han posicionado al estado como un destino donde comer también implica beber, recorrer viñedos y probar cocina de producto.

El reto público es evitar que la gastronomía se vuelva sólo marca. Una ruta gastronómica seria debe repartir beneficios, respetar recetas, reconocer autorías, pagar justamente y no convertir la cocina tradicional en decoración turística.

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