Por Ignacio Fuentes Salazar
El precio del agave llegó a la mañanera de este viernes 16 de octubre como un problema de mercado que el gobierno federal ya reconoce abiertamente. La presidenta Claudia Sheinbaum admitió que la planta se compra hoy “a muy bajo precio” y que la Secretaría de Agricultura, encabezada por Columba López, prepara un “proyecto integral” antes de reunirse con los productores.
Según la transcripción de la conferencia y la cobertura de El Financiero e Infobae, la mandataria explicó que el kilo de agave llegó a pagarse entre 30 y 35 pesos y que hoy se vende a seis, cuatro e incluso un peso en algunas zonas. “Hay un problema del precio del agave, se está comprando a muy bajo precio”, dijo, y agregó que en la cadena también participan intermediarios.
Precio del agave: anatomía de un desplome
La explicación oficial es de manual: durante la pandemia se disparó el consumo de tequila, la industria demandó más materia prima y se sembró agave “no necesariamente en Jalisco, sino en muchos otros lugares”, según Sheinbaum. Pero el agave tarda entre seis y ocho años en madurar. Cuando esas plantaciones llegaron a cosecha, la demanda de tequila ya no siguió creciendo e incluso disminuyó, y la sobreoferta hundió el precio.
El ciclo largo del cultivo explica por qué la crisis no se corrige sola. A diferencia del maíz o del frijol, el productor de agave no puede ajustar su siembra de un año para otro: lo que se plantó en 2020 o 2021 sale hoy al mercado, sin importar el precio. Ese desfase convierte cada auge en una trampa para quien entró tarde, sobre todo para los pequeños productores sin contratos con las grandes tequileras.
La señal de alarma no es nueva. Desde agosto, en el Congreso ya se advertía sobre la caída; Reginaldo Sandoval alertó por un desplome de 90 por ciento en el agave. Lo nuevo es que la presidenta lo admite desde Palacio Nacional y deja el diseño de la respuesta en manos de Agricultura: “Yo no soy experta en agave, entonces Columba sí sabe”, dijo.
Lo que piden los productores y lo que falta por definir
En la conferencia, una reportera expuso que pequeños productores advierten que las grandes tequileras suspenden compras entre noviembre y febrero y que hasta cinco millones de plantas podrían perderse por falta de compradores. Esa cifra fue planteada como advertencia del sector y no fue confirmada por la presidenta, por lo que queda pendiente de confirmar con datos oficiales.
También se planteó que, según los productores, el mínimo de referencia de FIRA ronda los 6.85 pesos por kilo, y que las guías de traslado las emite el Consejo Regulador del Tequila desde 2018, lo que, acusan, genera un control excesivo; piden que las otorgue Agricultura. Sheinbaum no respondió de forma puntual a esas demandas y solo reiteró que la secretaria se reúne con el sector.
El punto crítico es el calendario. Si el plan integral no llega antes de noviembre, coincidirá con la pausa de compras de la industria y el costo recaerá en los productores más pequeños. El gobierno no ha informado montos, mecanismos —precios de garantía, compras públicas, reconversión o apoyos directos— ni fecha para la reunión que la propia presidenta reconoció como pendiente.
Hay además un frente externo. El tequila depende del mercado estadounidense, y cualquier fricción comercial pesa sobre la demanda; a finales de julio se informó que México respondería con aranceles a países que limiten las exportaciones de tequila. Hoy la discusión arancelaria sigue abierta: Ebrard sostiene que México opera con un arancel efectivo de 3 por ciento frente a EU.
Sheinbaum advirtió que dejar de cultivar agave podría generar problemas en las regiones que dependen de él. Es el dilema de fondo: sostener a miles de familias productoras sin premiar una sobreoferta que el mercado no absorbe. La respuesta que presente Agricultura dirá si el gobierno opta por un rescate de corto plazo o por ordenar una cadena que hoy reparte el valor de manera desigual.
Por ahora, lo confirmado es el diagnóstico oficial, el rango de precios que dio la presidenta y el encargo a Columba López. Lo que falta es el plan. Para los agaveros de Jalisco, Guanajuato, Michoacán y otras entidades con denominación de origen, cada semana sin respuesta es una cosecha más vendida por debajo de su costo.


